Con olas de calor haciendo el verano un poco más insoportable cada año, siempre es una buena opción ir a buscar territorios más fresquitos para realizar escapadas, sobre todo cuando se va en un clásico descapotable. Y es que a pesar de que los anuncios de cabrios en los portales de vehículos de ocasión siempre recen lo de “ideal para el verano”, os aseguro de que no hay en el mundo mentira más grande que esta. Los cabrios son ideales para primavera, otoño, y si me apuras hasta invierno, pero no para verano cuando el sol aprieta de lo lindo.

A estas alturas os preguntaréis “pero qué clásico ni qué clásico”, si esto es un Golf mk3. Puede parecerlo e incluso puede que lo sea. Lo que ocurre es que esta escapada por el extremo norte-occidental de Cataluña la tenía planificada con un Porsche 914/4, un “trasto” que después de dos años en dique seco des de que lo rescatase de una nave en Los Ángeles, esperaba poder disfrutar por primera vez sin contratiempos.

Escapada por el Valle de Bohí con un Vw Golf GTI Cabrio MkIII

Lo que me ocurre el día antes de emprender mi escapada de 600 kms es que la bomba de gasolina del Porsche coge demasiada temperatura por el calor y deja de funcionar dejándome tirado en plena autopista… y a pleno sol. Así que tras esperar unos minutos a que se enfríe y una vez arranca de nuevo, lo llevo directo al taller y ahí se queda; la simple posibilidad de quedarme tirado con él a pleno sol con mi amada mujer me causa cierto pánico;  ya que ella nunca me pone pegas en acompañarme con mis “cacharros”, prefiero no tentar a la suerte para que los aborrezca.

Tras este imprevisto, toca buscar una alternativa. Afortunadamente uno siempre tiene un cabrio de repuesto bajo la manga, así que tras coger el “spare car”, esta vez un Golf GTI mk3 cabrio, el plan sigue su camino.  En resumen, la escapada en clásico acaba antes de empezar, así es la vida.

 Así que descapotamos –ojo que este golf tiene capota eléctrica- arrancamos motores, y nos ponemos en marcha para dejar atrás mi otrora amada ciudad de Barcelona dirección a Lleida. El sol pega bien, pero por autovía aun se aguanta gracias al airecito.  Preferiría ir en el 914, pero la verdad que esta unidad de Golf cabrio, con mecánica de GTI, no está mal. No deja de ser un mklll GTI 8v, el GTI más descafeinado de la historia sin contar el desastroso GTI mklV atmosférico de 125cv que no sé ni como se denominó así…  Pero sigue siendo un GTI.

Y no es que vaya mal, pero comparado con su predecedor el mkll 8v que era más ligero, más nervioso y en general, más deportivo, el 3 resulta demasiado burgués y soso. Aunque sigue teniendo muchos defensores, y aunque yo no sea uno de ellos, tengo que admitir que es un coche cómodo y fiable. Y si encima se trata de un cabrio, del que se vendieron muy pocas unidades, hasta puedo decir que me gusta un poquito. En este caso, puesto que me salva el fin de semana en pareja, me gusta incluso más de lo habitual!

Gracias al notable confort de los asientos recaro del Golf y la suspensión un poco demasiado blanda para tratarse de un GTI, llego a tierras leridanas casi sin pestañear disfrutando de un tramo por la C13 lleno de bellos embalses junto a la carretera que sube desde Balaguer hasta La Pobla de Segur. A continuación, empieza el auténtico Pirineo, siguiendo la N-260 con tramos de Montaña de los que piden potencia y bastantes cilindros. Pena que no tenga ni una cosa ni la otra. Aún así los 115 cv del Golf dan bastante de si, y tras unas primeras curvas resulta que “la suspensión blanda” es en realidad suficientemente firme, y además los asientos recaro sujetan estupendamente.

Finalmente, y tras más de 3 horas de conducción llego al Pont de Suert,  desde donde accedo al Valle de Boí. Este particular enclave de la comarca de la Alta Ribagorza alberga una serie de 9 iglesias románicas exquisitamente mantenidas que suponen un tesoro cultural sin igual y que son patrimonio mundial de la humanidad.

Las ganas de profundizar en este patrimonio cultural son considerables, sin embargo el hambre aprieta, así que llegando al pueblo de Barruera, y tras una recomendación de un buen gourmet nos dirigimos al restaurante El Ventador. Dedicado a la cocina creativa elaborada con productos de proximidad, no nos defrauda, y puedo decir que los distintos platos que degustamos tales como Steak tartar o cordero al horno hecho a baja temperatura son exquisitos.

Con el tema del hambre solucionado arrancamos de nuevo nuestro cada vez más amado Golf cabrio para seguir de Barruera hacia El Parque Nacional de Aigüestortes.  Pronto la carretera que lleva hasta dentro del parque se convierte en un camino asfaltado bastante estrecho. La temperatura es ahora mucho más soportable que unas horas atrás, con unos deliciosos 20ºC a los que circular descapotado es un gusto.  La siguiente parada es en la Presa de Cavallers, donde no hay más remedio que aparcar. Amo conducir, aunque en ocasiones, y a pesar de ser un atraso des de que existen los vehículos a motor, no me importa usar las piernas, sobre todo si es en medio de la naturaleza. Dada la especial ocasión no pierdo la oportunidad de dar un “paseo por el parque”, nunca mejor dicho, una experiencia que acaba siendo muy satisfactoria. Dos horas de caminar son más que suficientes para recuperar las ganas de coger el volante de nuevo y volver a la carretera para recorrer Tahull, Durro, y Boí. Todos y cada uno de los pueblecitos del Valle son tan bonitos y están tan bien puestos que parecen hasta de decoración.

Entre iglesias románicas y bonitas vistas termina el día, con lo cuál toca retirarse al alojamiento elegido para la ocasión, una pequeña casa rural llena de encanto en lo alto de la montaña, en un pueblo llamado Gotarta de esos en que los parece que el tiempo se ha detenido y a los que se llega por una carretera infernal. Infernal por la de agujeros y rotos que tiene. Se notan los efectos de la nieve y el hielo de los inviernos pasados. Suerte que el Golf pasa sin problemas por todos lados aunque el lip vaya arrastrándose por el suelo. A malas, si pierdo alguna pieza hay repuestos de todo y son baratos, así que no me preocupo en exceso.

El segundo día amanece igual que el primero, con solecito, aunque con un ambiente bastante fresco. Perfecto porque así descapoto desde primera hora de la mañana mientras que inicio mi ruta de descenso desde las montañas, esta vez por Aragón. Así que después de despedirme del maravilloso Valle de Boí, recupero la N230 para bajar esta vezpor otra vía. Otra ruta totalmente recomendable si no fuera porque está llena de autocaravanas haciendo honor a su nombre: hacen caravanas. No tengo nada en contra de ellas, pero desde mi punto de vista es el mundo sin ellas sería un lugar mejor.

Por suerte la N-230 presenta buena visibilidad y muchos puntos de adelantamiento dónde sacar el máximo rendimiento del Golf –que tampoco es mucho- para dejarlas atrás una tras otra. No tenemos prisa, pero la vida es demasiado corta para perder ni un segundo detrás de un vehículo de estos.

Inconvenientes aparte, el camino vuelve a ser francamente atractivo con embalses, gargantas y túneles excavados en las rocas. Además, y tras consejo de la dueña de la casa rural donde hemos dormido, paramos en tesoros de nuestra geografía que desconocía, tales como Sopeira y su monasterio, o el pueblo medieval de Montañana. En este marco se escurre más de media jornada,  lo cuál nos deja la otra media para volver hasta Barcelona. Algo más de 200kms que aprovecho para hacer por carreteras secundarias, incluida la antigua Nll pasando por la mítica estación de servicio de la Panadella- dónde cuando repostas te regalan una barra de pan artesano- o incluso el puerto el Bruc para pasar a pies de Montserrat. A pesar de ser domingo, todas estas carreteras –que discurren paralelas a la congestionada Autovia A2, están absolutamente desérticas. Ya nadie las coge pues “por algo son las carreteras antiguas”.

Son vacaciones y nadie debería tener prisa, aunque parece que todo el mundo la tiene. No tardes más de 2 segundos en arrancar en un semáforo verde porque te pitarán, y coge el camino más rápido que se llega antes. ¿ Antes dónde? Da igual dónde, todo el año tenemos prisa, pues para qué dejar de tenerla en vacaciones.  Quizás hayamos perdido la cabeza y nos hayamos olvidado que a veces se puede disfrutar del camino sin importar la hora de llegada. Sólo hay que parar a reflexionar un segundo y darse cuenta de ello.

Al final, no es tan difícil disfrutar de las pequeñas cosas, sólo hay que saber apreciarlas. Con un cabrio barato, una mujer guapa, un paseo por el parque, y un sinfín de carreteritas secundarias han acabado resultando en un fin de semana magnífico… E incluso me han hecho olvidar que tenía que ser en Porsche y no pudo ser. Y aun así ha sido magnífico. Quien no se conforma es porque no quiere! Eso sí, la próxima escapada será con el maldito 914.

Texto por: Dani Blasco

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

nueve − 1 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.