A estas alturas quien me conozca ya sabrá de sobras que soy un apasionado de los coches desde que tengo uso de memoria. Lo soy desde la óptica de usuario al que le apasiona conducir por un tema de sensaciones, mucho más que por el interés que me despiertan los temas técnicos. Por esto, hasta le fecha el coche eléctrico no ha sido santo de mi devoción, sobre todo debido a la autonomía limitada y a su falta de emoción, al menos de los modelos que he probado, que son pocos y con carácter de utilitario. Hoy es el turno del Mercedes EQC.

Es por ello que a la hora de ir a recoger el Mercedes EQC para hacer una escapada con él, voy completamente abierto de mente y sin prejuicios imaginando que realmente ese es mi coche por un día, con el que me dispongo a hacer una excursión de placer.

La primera impresión una vez ante este SUV de línea estilizada es bastante buena Las dimensiones son considerables, pero la línea de diseño es bastante acertada, incluso un tanto diferenciada respecto al resto de modelos de la marca. Nada más abrir la puerta y subir la sensación es de estar en un Mercedes de alta gama convencional. La batería está al 70%, lo cuál, según el ordenador de a bordo se traduce en una autonomía de 230kms (de los 400 oficiales de autonomía en carga máxima), en principio suficiente para mi escapadita. Me gusta el diseño de la pantalla en el salpicadero, así como la posición de conducción. Una vez estoy situado, me pongo en marcha.

Así que salgo de las instalaciones de AutoBeltran en la zona alta de Barcelona con el silencio por bandera y con el modo Eco, con el cuál el pedal de acelerador se siente duro y la entrega de potencia es muy suave. El EQC dispone de una potencia de 400cv, pero es evidente que para un uso cotidiano no son para nada necesarios. La ciudad está colapsada, qué sorpresa. Sin embargo, inmerso en el silencio del EQC se hace llevadero.

A decir verdad, si todos los vehículos dentro de Barcelona fueran eléctricos sería de agradecer por la enorme reducción de contaminación tanto del aire como acústica que habría. Sobre todo porque como no hay puntos de recarga todos estarían sin batería y nadie se movería. En cuanto a puntos de recarga estamos a la cola de Europa. Esto implica que el vehículo eléctrico queda forzosamente limitado a una minoría de usuarios, principalmente a ciudadanos de clase alta que pueden costearse un vehículo como el EQC así como a ser posible un punto de recarga en su propia casa, mucho más sencillo que en un parking comunitario. Puntos de recarga públicos hay muy pocos y generalmente llenos, así que no son una opción.

Hay que pensar pues, que para el potencial cliente del EQC será prácticamente indispensable disponer de un punto de recarga propio, y planear muy bien los recorridos para no caer en una zona donde podamos quedarnos sin batería. Con estas reflexiones consigo salir del tráfico para incorporarme a la ronda. Incluso con el modo eco la conducción se hace cómoda aunque de momento poco excitante.

Me dirijo hacia Montserrat, pero primero quiero dar un rodeo por la C58 para hacer kilómetros en vía rápida. Con todos los sistemas de asistencia a la conducción – con control de crucero adaptativo, asistencia de cambio involuntario de carril, cámara con visión 360º, y un largo etc-, uno no tiene mucho que hacer tras el volante, más que relajarse con alguno de los modos de masaje que permiten los confortables asientos.

Es por ello que mientras me dejo llevar por el EQC empiezo a probar el sistema de reconocimiento de voz. La verdad es que es muy práctico. Es tan fácil como decir “Hola Mercedes” para que una agradable voz femenina te pregunte en qué puede ayudar. No hay más que pedir para que “Mercedes” te dé lo que necesites. Activar el aire acondicionado, buscar un destino para el GPS, o pedirle la predicción del tiempo. Este sistema es verdaderamente útil, si hay que encontrarle un pero es que en alguna ocasión no acaba de entender lo que se le pide, pero en general es muy diligente.

Tras unos confortables 60 kilómetros en vía rápida y modo eco, constato que la autonomía ha bajado exactamente los kilómetros que he recorrido. De momento el EQC no miente. Llego a los pies de la majestuosa montaña de Montserrat con una autonomía prometida de 170kms.

Pero se ha acabado el modo eco, quiero probar el SPORT para subir la sinuosa carretera que llega hasta el monasterio. Así que cambio el modo de conducción a SPORT y arranco montaña arriba. Menudo cambio de sensaciones. Con el nuevo modo de conducción se hacen patentes los 400 CV y 765 Nm de par. La aceleración es ridícula por salvaje en este SUV de más de 2,5 Toneladas de peso. Con el pie abajo te tira hacia atrás con violencia y en el silencio más absoluto.

Pero esto no es lo mejor. El comportamiento del chasis en curva es buenísimo. Así que, aunque suene raro que yo lo diga, subo toda la montaña a buen ritmo y hasta disfrutando con este SUV, con su empuje y chasis ejemplar. El EQC devora la carretera con un aplomo total. El peso tan solo se hace patente a la hora de pasar por badenes, pero no en el apoyo en curva.

Mercedes EQC

Así que llego en lo más alto de la montaña como una exhalación, y asombrado de lo bien que va. Sólo hay una sorpresa en lo alto; en apenas 15 km recorridos la autonomía ha bajado más de 60 km, pasando de 170 a apenas 100. Es por ello aprovecho las circunstancias para aparcar y mirarme el vehículo más de cerca. No está mal a nivel estético, siendo lo que es claro está: un gran SUV. El maletero es enorme y las plazas traseras más que amplias. Los acabados son perfectos se miren por dónde se miren, y la calidad es omnipresente. Todo lo que se podría esperar de un modelo de la marca de la estrella, pero en eléctrico.

Visto lo visto, me iré para casa no me quede sin batería. Así que poniendo el modo de conducción en “máximo rango” de kilometraje, y con el modo de recuperación de energía activado desde las levas del volante puesto al máximo, bajo de nuevo la montaña. Sorpresa. Tras el susto inicial de la gran pérdida de autonomía y de apetito en la subida, al llegar abajo compruebo que he recuperado prácticamente todo lo que había perdido subiendo: la autonomía y el hambre. Tras comer un buen menú de la tierra, vuelvo al Concesionario de Auto Beltrán en Barcelona con el modo ECO de nuevo, sin prisa pero a buen ritmo. Al final con mi vuelta habré cubierto unos 150 kilómetros, suficiente para sacar mis propias conclusiones sobre el EQC, y en efecto, quedan 60 de autonomía.

Mercedes EQC

El SUV eléctrico de Mercedes tiene todo lo que se puede esperar de un Mercedes. Calidad, comodidad, prestaciones… Personalmente me ha sorprendido el comportamiento dinámico y la brutal aceleración en modo sport, aunque una vez la has probado varias veces deja de ser excitante, pues la ausencia del ruido que podría producir un AMG se echa tremendamente en falta. A nivel de autonomía, resulta delicado. En conducción normal es más que razonable, pero si abusamos del acelerador ésta caerá en picado. Y estando en España esto es un problema, porque según donde nos quedemos sin batería tendremos que llamar a la grúa. Por lo tanto es indispensable planear bien los destinos si queremos realizar viajes largos, porque obviamente tendremos limitaciones. Aparte de esto, es evidente que en el futuro necesitamos modelos como este, puesto que la electrificación no tiene vuelta atrás, aunque no será la solución para todos, sino parte de la solución para la movilidad futura.

Desde mi punto de vista, considerando el precio y el perfil de cliente para el EQC, el SUV eléctrico de Mercedes es un producto magnífico en muchos sentidos. Pese a ello, su uso queda muy limitado por la red de recarga de nuestro país por un lado, y por la reducción de la autonomía cuando se suben puertos de montaña o se abusa del gas. Así que siendo objetivo, lo veo como parte de la perfecta combinación de un garaje, en el que, aparte del EQC al menos haya otro modelo, sea gasolina, diésel o híbrido, porque no lo veo como una opción única a día de hoy. La culpa no es tanto de las marcas ni de la autonomía de sus modelos sino de las infraestructuras.

Nuestros dirigentes quieren forzar deprisa y corriendo tanto a marcas como a usuarios a utilizar “energías limpias” como la eléctrica pero el sinsentido es que son estos mismos dirigentes los que –en especial en España- no se han ocupado de hacer los deberes preparando el país para el cambio. Así que mientras estos no hagan lo que deben, poner puntos de recarga, el vehículo eléctrico seguirá siendo una opción de uso limitado pese a tener propuestas tan interesantes como el EQC.

Personalmente, y pese lo que me ha gustado el comportamiento y aceleración del EQC, si me dieran a elegir entre este y un modelo equivalente, como un GLC AMG, no dudaría ni un segundo. Elegiría un A35 AMG… ¿Es esa una respuesta válida?

Texto y fotos por: Dani Blasco

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