A sus casi ocho décadas, Murray conserva la energía de un joven ingeniero obsesionado por reducir gramos, eliminar roces y buscar esa armonía perfecta entre ciencia y sensibilidad que él llama “la pureza del automóvil”.

Sentados con él en GMA Barcelona frente al T.50 —heredero filosófico del McLaren F1— y con dos copas de Vega Sicilia Único y quesos del país, comprendí que no estaba ante un creador cualquiera, sino ante un hombre que ha dedicado su vida a destilar lo esencial.
La conversación fluyó con una naturalidad sorprendente. No hizo falta romper el hielo: Murray sabe leer la pasión ajena y cuando un periodista ha pasado media vida junto a diseñadores, carroceros y presidentes de marcas legendarias, humildemente y sin arrogancia, la complicidad surge sola.

Hablamos de su etapa en Brabham, de aquella audacia casi adolescente que le llevó a jugar con el reglamento aerodinámico hasta límites que hoy serían impensables. Recordó a Lauda, a Piquet, a nuestro amigo y embajador de AutoBello, Jo Ramírez, y cómo aquel mundo, aunque competitivo hasta la crueldad, seguía siendo humano. “Hoy todo es más rápido —me dijo—, pero no necesariamente más profundo”.

Sus nuevas criaturas
Le pregunté por el T.50, por ese motor V12 atmosférico de Cosworth que sube a 12.100 rpm como si quisiera desafiar la física y vale más de dos millones de euros.

Se inclinó ligeramente hacia adelante, casi como un profesor orgulloso ante un alumno aplicado, y con una sonrisa confesó: “Queríamos construir el mejor motor atmosférico de la historia y, ahora que nadie me oye, lo hemos conseguido. Cuando no comprometes nada, lo consigues”.
En ese instante entendí algo que siempre había sospechado: para Murray, la ingeniería no es un oficio, sino una forma de vida, una UVI donde el enfermo sobrevive por narices… Antes de verle desaparecer de GMA Barcelona, le pedimos que nos resumiese qué era para él un gran coche. “Yo a un coche —dijo Murray— le pido que no mienta, que todo lo que lleve sirva para algo…”.

El mejor escenario
Como ya os hemos ido contando, el artífice de toda esta obra se llama Eduardo Costabal y es el tipo delgado que aparece pegado a Gordon en las fotos. Se trata del dueño del primer dealer de GMA fuera de Inglaterra.

Este expiloto chileno está considerado un one-off, un fin de edición, un gentleman de rango abolengo educado en la línea cafetera americana más elevada. Personaje disfrutón de la vida y rey de la moda masculina, Costabal está considerado un empresario del sector de la automoción de alta gama en toda su magnitud a través de compañías como Chelsea 1979.
Es también un experto en la compra de vehículos de serie limitada, así como clásicos deportivos y Restomod muy codiciados como los Kimera —cuyo creador también acudió a la apertura de GMA Barcelona—.

A este personaje otros lo apodan cariñosamente “el marqués de Portago del siglo XXI”, por su envidiable vida de carreras, sus coches y su círculo de amistades. Eduardo Costabal, junto a Teo Martín (MSI Instituto), puede que sea de los personajes actuales que mejor y mayor legado automovilístico dejarán algún día a España.
Desde 2013, Eduardo se asentó en Barcelona y abrió un concesionario de McLaren y, poco a poco, hasta cuatro museos temáticos privados de F1, MotoGP, Rallye e hypercar. Ahora ha convencido al gran ingeniero Gordon Murray para instalar en Barcelona el Service Support Centre de GMA.

A mediados del pasado mes de noviembre, este profesor que escribió la historia de la nueva Fórmula 1 nos permitió sentarnos a su lado para hablar de GMA, una marca que estaban esperando los ricos muy ricos y los coleccionistas.
Hoy, cualquier modelo de GMA como el T.33 o el T.50 parte de los dos millones de euros. Según haces tu pedido, tu coche se convierte en una obra de arte que multiplica su precio por dos y cuyas primeras ediciones ya están agotadas.

Gordon, aunque algo más mayor que ellos, sigue de alguna manera los pasos comerciales y filosóficos de exclusividad de Horacio Pagani o Christian Koenigsegg.
Está claro que el mercado necesita satisfacer a coleccionistas sin techo económico e inversores que ven en el automóvil un bien por encima del oro. GMA es una opción perfecta porque creará modelos muy exclusivos o series limitadas de un solo dígito para tipos que nunca han viajado en vuelo comercial.

Barcelona, con su nueva sede como escenario, fue el marco perfecto para este encuentro. La ciudad respira diseño, precisión y belleza mediterránea: tres conceptos que encajan con la esencia de GMA.
Salí de la entrevista y de la fiesta de inauguración con la sensación de haber conversado con un apóstol, con un artesano del futuro, con un hombre que no persigue la nostalgia, sino la trascendencia.

Y mientras todo el mundo observaba a Gordon como a un jugador de baloncesto retirado en la gloria de la NBA, comprendí que muy pocos creadores, en cualquier disciplina, poseen esa pureza, esa raza, esa humanidad y sencillez que nos demostró este gurú del automóvil.

Ayer no solo entrevisté al genial Gordon Murray. Ayer estuve delante de un sueño, de un maestro de catedráticos, de un humanista, de un filántropo del motor. Gracias, Eduardo Costabal, por este “regalo envenenado”, porque ya con Murray se me han acabado los personajes de leyenda. En la vida, siempre a favor. Este reportaje se lo dedico al más alto de tus hijos.








