Más de cincuenta años después, la marca alemana reinventa uno de sus grandes iconos en clave eléctrica. Fabricado en Martorell, amplio, eficiente, divertido de conducir, está a la venta desde 17.900 euros.
Hay coches que forman parte de la memoria colectiva y el Polo es uno de ellos. Nació en 1975, ha superado los 20 millones de unidades vendidas en todo el mundo y ha acompañado a varias generaciones de conductores en sus primeros kilómetros, sus primeros viajes y sus primeras escapadas.
Ahora, en su séptima generación, protagoniza el cambio más profundo de su historia: el ID. Polo es 100% eléctrico. Y hay un detalle que lo hace todavía más especial para nosotros: es el primer eléctrico de Volkswagen fabricado en España, en la planta de Martorell.
Lo hemos conducido en Valencia, durante su presentación nacional, y la conclusión es clara. Volkswagen no solo ha electrificado el Polo, lo ha mejorado. Más espacio, más confort, más tecnología y un comportamiento que conserva todo lo que se espera de un coche de la marca.
El ID. Polo llega en el mejor contexto posible. Albert Casamitjana, director de marketing de Volkswagen España, recordó durante la presentación que la marca ha vendido 765.000 coches en Europa hasta julio, un 9% del mercado, y que es la segunda marca en ventas del continente. En el terreno eléctrico, la cuota alcanza el 22% en la Unión Europea.

En España, los números también acompañan. Volkswagen acapara el 6,3% del mercado nacional y se ha consolidado como la segunda marca más vendida, un puesto por encima del que ocupaba, por estas fechas, el año pasado. Entre enero y agosto ha matriculado cerca de 52.500 unidades, lidera el canal de empresas y crece cuatro puntos por encima del mercado entre los particulares.
Con estos mimbres, el ID. Polo aterriza en uno de los segmentos que más está creciendo, el de los eléctricos urbanos compactos. Además, forma parte de la Electric Urban Car Family, la nueva familia de eléctricos urbanos del Grupo Volkswagen, que tiene un marcado acento español, ya que tanto el ID. Polo como el Cupra Raval se fabrican en Martorell, mientras que el ID. Cross y el Škoda Epiq en Pamplona.
Un polo a primera vista
Basta un vistazo para reconocerlo. El ID. Polo es el primer modelo de producción que adopta por completo el nuevo lenguaje de diseño “Pure Positive”, desarrollado por el jefe de diseño de la marca, Andreas Mindt. El resultado es un diseño muy Volkswagen, atemporal pero elegante y atractivo, con proporciones bien definidas, un frontal limpio y una zaga con carácter. Hay guiños a la historia de la casa, como el pilar C inspirado en el primer Golf, y una firma lumínica moderna que subraya su salto tecnológico.
Con 4,05 metros de longitud, 1,82 de anchura y una batalla de 2,6 metros, sigue siendo un coche compacto y fácil de mover en ciudad. Pero su gran virtud está dentro.
Ignacio Pérez-Calvo, responsable de producto del ID. Polo en nuestro país, nos explicó que una de las grandes claves del nuevo modelo es el motor delantero. Es el primer eléctrico de Volkswagen con tracción delantera, y esa arquitectura, sobre la nueva plataforma MEB+, libera espacio tanto en el habitáculo como en el maletero.


Las cifras lo demuestran. El maletero cubica 441 litros, un 25% más que los 351 litros del Polo de gasolina y más que muchos compactos del segmento superior. Con los respaldos traseros abatidos, alcanza los 1.240 litros.
Dentro hay sitio real para cinco ocupantes, con una posición de conducción algo más elevada y cómoda y más espacio a la altura de los hombros. Ya no es solo un coche para la ciudad, es un vehículo perfectamente válido para el día a día en familia o para una escapada de fin de semana con amigos.
Un interior que juega en otra liga
El habitáculo sorprende por su calidad percibida, más propia de coches considerablemente más caros. Frente al conductor se sitúa un Digital Cockpit de 10 pulgadas y, en el centro del salpicadero, una pantalla de infoentretenimiento de 13 pulgadas que recuerda a una tablet de alta gama. Volkswagen ha escuchado a sus clientes y recupera una barra de botones físicos para la climatización y un clásico mando de volumen en la consola central.
El detalle que más sonrisas arrancó en Valencia es la pantalla retro. Con tocar un botón la instrumentación se transforma al estilo de un Golf I. Velocímetro clásico a la izquierda y, donde antes estaba el cuentarrevoluciones, un indicador de la potencia entregada o recuperada. Nostalgia y tecnología en el mismo gesto.
La conectividad también está a la altura. Y el sistema ID. Light, la banda luminosa bajo el parabrisas, ofrece información visual sobre la navegación o el estado de carga y, por primera vez, se extiende a las puertas delanteras para advertir de la llegada de otros usuarios de la vía antes de abrirlas.


En seguridad, el ID. Polo puede equipar hasta 19 sistemas de asistencia. El más llamativo es el Connected Travel Assist, que dirige, frena y acelera dentro de los límites del sistema, permite el cambio de carril asistido en autopista y reconoce los semáforos, una primicia en su categoría.
Completan la oferta elementos poco habituales en un urbano, como el equipo de sonido Harman Kardon, el techo panorámico o los asientos delanteros eléctricos con función de masaje. Y de serie incorpora la función vehicle-to-load, que permite alimentar dispositivos externos de hasta 3,6 kW, desde una bicicleta eléctrica hasta una cafetera.
Baterías a la mediad de cada cliente
El ID. Polo se ofrece con dos baterías y tres niveles de potencia. Las versiones de 85 kW (116 CV) y 99 kW (135 CV) montan una batería de litio-ferrofosfato (LFP) de 37 kWh netos.
Como subrayó Pérez-Calvo, es una química más barata, lo que ayuda a que el precio de acceso sea tan competitivo, y ofrece hasta 323 kilómetros de autonomía, más que suficiente para la inmensa mayoría de los usos diarios. Además, puede pasar del 10 al 80% de la batería en unos 23 minutos siempre que usemos un cargador rápido.
Para quien viaja más, la versión de 155 kW (211 CV) incorpora una batería de níquel-manganeso-cobalto (NMC) de 52 kWh netos que eleva la autonomía hasta los 449 kilómetros, la mejor del segmento eléctrico urbano, con una recarga del 10 al 80% en unos 24 minutos.

Esta versión acelera de 0 a 100 km/h en 7,1 segundos, cifras de auténtico deportivo compacto. Y todo ello con un consumo homologado de solo 13,5 kWh/100 km, gracias a la eficiencia del nuevo motor APP290, que pesa apenas 75 kilos.
Al volante: un Volkswagen de verdad
En marcha, el ID. Polo transmite desde el primer metro esa sensación de solidez y confianza tan característica de la marca. El chasis, con eje delantero MacPherson y eje trasero de torsión, se ha desarrollado específicamente para la nueva tracción delantera eléctrica, y se nota.
El confort de marcha es sobresaliente para su tamaño: absorbe con facilidad baches y juntas, y el aislamiento acústico es excelente.
La dirección es precisa y suave, con un punto central muy definido que hace el coche intuitivo desde el principio. Los frenos merecen mención aparte: el nuevo sistema combina frenada física y regeneración de forma tan natural que el tacto del pedal es directo y lineal, sin ese punto artificial de otros eléctricos.
Y para la ciudad, basta con seleccionar la posición B para disfrutar de la conducción con un solo pedal, que detiene el coche por completo al levantar el pie del acelerador.
Los cuatro modos de conducción, Eco, Comfort, Sport e Individual, permiten adaptar su carácter a cada momento. Ágil en ciudad, aplomado en carretera y divertido cuando se busca, el ID. Polo se conduce exactamente como cabe esperar de un Polo.
Gama y precios
El ID. Polo se comercializa en tres acabados y los precios, que incluyen campañas de la marca, Plan Auto+ y CAE vinculados a la financiación, arrancan en 17.900 euros para el Match de 116 CV.

El Life de 116 CV cuesta 19.100 euros y el de 211 CV, 23.900 euros. El Style de 135 CV se sitúa en 22.800 euros y el de 211 CV, en 27.500 euros.
El nuevo Volkswagen ID. Polo es mucho más que un coche pequeño. Es la demostración de que un eléctrico puede ser accesible, práctico y apetecible a la vez. Conserva el ADN que ha hecho del Polo un superventas durante medio siglo, suma el espacio de un compacto, la tecnología de segmentos superiores y un comportamiento dinámico de lo más ágil.
Y además se fabrica en casa. Pocas veces un cambio de era había sentado tan bien.
Hablando de eficiencia
Volkswagen quiere demostrar que la eficiencia eléctrica no depende de baterías enormes ni de soluciones exóticas. Su prototipo Mission Efficiency, basado en tecnología de producción del ID. Polo, ha logrado un coeficiente aerodinámico de 0,158 y un consumo medio de solo 6,89 kWh/100 km sin contar pérdidas de carga.

En una ruta documentada de 1.278 kilómetros entre Wolfsburgo y Viena, consumió 7,51 kWh/100 km incluyendo esas pérdidas, con una sola recarga.
El secreto está en una carrocería muy perfilada, bajos carenados, ruedas optimizadas, neumáticos de baja resistencia y un motor delantero de 99 kW.
También incorpora un techo solar de 370 W capaz de aportar hasta 30 kilómetros diarios de autonomía en condiciones favorables.



Con 4,78 metros de largo, configuración de 2+2 plazas y 481 litros de maletero, el concepto anticipa cuánto puede ganar un eléctrico cuando cada detalle trabaja a favor de la eficiencia, sin recurrir a una batería gigantesca.








