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100 AÑOS DE MAZDA ESPECIALES

El Espíritu de Mukainada: especial Mazda

RevistaCAR 28 de febrero, 2020 | Tiempo de lectura 8 min

El pasado 30 de enero Mazda cumplió un siglo y se convirtió en “shinise”, un término japonés que se reserva a las compañías con una historia excepcionalmente dilatada y una rica tradición. Buena parte de su éxito se debe al “Espíritu de Mukainada”, la voluntad de hacer las cosas de forma diferente, no rendirse nunca y buscar lo excepcional.

Desde su fundación, Mazda ha vivido importantes tragedias que han marcado su trayectoria, pero en CAR nos gusta ver el vaso medio lleno y nos centraremos sobre todo en sus éxitos y triunfos. No obstante, en palabras del actual presidente y CEO de Mazda Motor Europe, Yasuhiro Aoyama: “Nuestra peculiar actitud ante las situaciones potencialmente desalentadoras es, en gran parte, lo que nos ha traído hasta donde estamos”.

Y es que 100 años dan para mucho. Durante este tiempo Mazda ha pasado de ser un productor de corcho artificial a convertirse en un fabricante de automóviles independiente que goza de muy buena salud y un merecido reconocimiento entre la competencia. Embajadores del motor rotativo como ninguna otra marca, también han desarrollado todo un abanico de tecnologías revolucionarias propias. La última de ellas es el motor Skyactiv-X del que ya os llevamos hablando desde hace un tiempo. Por no mencionar ese lenguaje de diseño único que enlaza la tradición japonesa con el estilo contemporáneo, el más puro espíritu de Mukainada, pero, vayamos por partes…

Desde los años veinte del pasado siglo, la historia de Mazda está íntimamente ligada a la de Hiroshima. Cuando cayó la bomba atómica sobre la ciudad, en cuestión de segundos, se convirtió en un montón de escombros. La fábrica de Mazda estaba situada, como hoy, en Mukainada, a pocos kilómetros del lugar donde explotó la bomba, pero la protegía el monte Hijiyama. Por este motivo los daños materiales fueron escasos. La ciudad entera era un cementerio nuclear, y las instalaciones Mazda se convirtieron en hospital de campaña, dieron cobijo a muchas personas que no tenían adónde ir y, ante la devastación de la mayoría de las infraestructuras y edificios administrativos, también acogieron a diversos departamentos del Ayuntamiento de Hiroshima. Aquí surgió el verdadero Espíritu de Mukainada. En poco tiempo, tribunales, emisoras de radio y redacciones de prensa se les unieron. Así pues, la fábrica de Mazda se convirtió durante la posguerra en el auténtico centro de Hiroshima, como sede de las principales instituciones municipales.

Espíritu de Mukainada

Resurgir de las cenizas: como surgió el Espíritu de Mukainada

La historia de Mazda es mucho más que el relato épico del éxito de una empresa. Para el pueblo de Hiroshima, el renacer de Mazda está ligado al resurgimiento de la propia ciudad. En los días que siguieron a la guerra, Mazda se vio obligada a reducir plantilla y los empleados pasaron de 9.669 a tan solo 786. Volvió al desarrollo de los camiones de tres ruedas que fabricaba en los años treinta y, para los sesenta, lanzó su primer turismo de cuatro ruedas, el Mazda R360 Coupé.

Sin embargo, en 1962 la empresa recibiría un nuevo revés, cuando el Ministerio de Industria y Comercio intentó obligar a los grandes fabricantes de coches a comprar las empresas más pequeñas con el fin mejorar sus posibilidades de competir en el mercado internacional. Mazda y sus competidores se opusieron a la idea. Ante la presión del Gobierno, Mazda tuvo que redoblar esfuerzos en el terreno del desarrollo para poder seguir siendo autosuficiente. Por entonces, el presidente de la empresa, Tsuneji Matsuda, estaba estudiando la posibilidad de invertir en el motor rotativo para dar el salto al terreno de juego internacional; el plan de fusiones promovido por el Gobierno fue, a la postre, el incentivo que necesitaba para decidirse.

Espíritu de Mukainada

El corazón de un coche

En 1963 se creó un grupo de trabajo dedicado al motor rotativo, dirigido por Kenichi Yamamoto. Seis años antes, Felix Wankel había presentado el primer prototipo operativo de su motor. Sus ventajas son numerosas, la más evidente es que debido a que el movimiento es rotativo per se, se reducen las vibraciones y puede alcanzar más revoluciones. Además, su sistema de admisión y escape prescinde de válvulas y árboles de levas y, por su configuración, cada rotor produce una explosión por vuelta –el doble que un cuatro tiempos– duplicando la potencia. Por tanto, se consigue mucha potencia en relación con el tamaño y el peso y, al prescindir de muchos elementos, se reduce el coste y la posibilidad de averías. No obstante, el objetivo de Yamamoto era resolver el problema de las rozaduras que aparecían en las paredes de la cámara de combustión, las famosas “garras del diablo”. Finalmente lo consiguieron, y el motor rotativo quedó ligado para siempre a la historia de la firma. Solo Mazda ha tenido la valentía, la perseverancia y, sobre todo, la capacidad técnica para controlar estos problemas de fiabilidad y, a lo largo de cuatro décadas, desarro­llar modelos tan excitantes como el RX-7 turbo o ganar las 24 Horas de Le Mans.

Llega la revolución zoom-zoom

Este sería uno de los muchos retos que se presentarían con los años. En la recesión de principios de los noventa, Ford adquirió una parte importante de Mazda y en 1996 la dirección de la empresa recayó por primera vez en un empleado del gigante estadounidense, el escocés Henry Wallace. La prensa del motor observó este hecho como el principio del fin de Mazda, pero nada más lejos de la realidad. Gracias a la capacidad de inversión de Ford y a la genial ingeniería de Mazda, la marca se renovó y adoptó el concepto Zoom-Zoom. El Espíritu de Mukainada seguía vivo en la empresa y en sus empleados.

Espíritu de Mukainada

El mejor exponente del movimiento Zoom-Zoom fue sin duda el MX-5. A lo largo de un proceso de casi 150 años, los ingenieros no han dejado de mejorar los automóviles, convirtiéndolos en algo cada vez más complejo. Pero, a menudo, la solución más sencilla es también la más divertida. Un biplaza ligero y descapotable con un motor alegre y tracción trasera. Solo eso. Resulta casi imposible no sonreír cuando conduces un coche así por una carretera secundaria llena de curvas. En la cultura japonesa existe un término para esa sensación: “Jinba Ittai”, el concepto tradicional de fusión entre el jinete y su montura que Mazda ha convertido en otra de sus señas de identidad. Hablamos de cuatro generaciones de MX-5 que han hecho sonreír a miles de conductores por todo el planeta. Al respecto, Nobuhiro Yamamoto, director del programa de la cuarta generación de MX-5, lo tiene bastante claro: “El concepto no ha cambiado en más de 30 años y es la razón por la que al público le sigue enamorando este coche”. Con el MX-5 Mazda vuelve a demostrar que las mejores cosas de la vida son sencillas. Tan sencillas como un deportivo pequeño, ligero y asequible. Volvemos atrás en el tiempo, pero solo para coger impulso…

La participación de Ford se redujo en 2008 por razones económicas, pero ya entonces el gran éxito de vehículos como el Mazda6 o el Mazda3 había plantado a la empresa firmemente en el siglo XXI. Hay coches que son simples objetos que transportan mercancías y pasajeros, pero los Mazda están hechos para conducirlos, ahí radica el verdadero Espíritu de Mukainada. En cada nuevo modelo el objetivo siempre es el mismo, inspirar fascinación, ya sea mediante el comportamiento del vehículo, su motor o el diseño.

Alma del movimiento

Mazda ha llevado esta idea a su máxima expresión en lo que han denominado como lenguaje de diseño Kodo. Esta visión fue introducida por vez primera en el prototipo Shinari, presentado en 2010. Dos años después, se presentó el CX-5, primer modelo de una gama que tuvo gran éxito entre el público, gracias también a la innovadora tecnología Skyactiv. En su afán por no conformarse y seguir mejorando, el director de diseño, Ikuo Maeda, siguió evolucionando este lenguaje. La idea era plasmar en la carrocería de un coche toda la emoción y la esencia del movimiento.

El equipo de diseñadores se puso manos a la obra para buscar la belleza a través del minimalismo estético japonés. Ahí surge el concepto Ma, que busca eliminar todo elemento superfluo. El resultado fue una forma nítida y pura que transmite la energía de una criatura viva y dinámica: el alma del movimiento. Para lograr este efecto, Mazda trabajó en torno a tres elementos esenciales: Yohaku, o la belleza del espacio vacío; Sori, curvas armoniosas y equilibradas, y Utsuroi, el juego de las luces y las sombras.
A grandes rasgos, todo pasa por eliminar todas las líneas de carácter de los laterales del coche, creando un espacio en blanco, un lienzo para que la luz pueda pintar en él.

Uno de los ejemplos más claros son las formas sinuosas que recorren el actual Mazda CX-30: cuando el coche se mueve por su entorno, los constantes cambios de luz crean formas efímeras sobre la carrocería que refuerzan la idea de movimiento que transmite la propia silueta del vehículo. El resultado es una estética en constante evolución en la que el minimalismo de las formas se combina con una potente carga expresiva: todo un ejemplo de estética japonesa.

El lenguaje Kodo ha convertido a Mazda en un referente reconocible en materia de diseño, en concreto la marca ha recibido un total de 57 premios desde su primer diseño Kodo en 2012. Los modelos RX Vision y Vision Coupe fueron galardonados con los premios “Most Beautiful Concept Car of the Year” en 2015 y 2017, respectivamente. Y, a partir de la última generación del Mazda3, se ha incorporado a los modelos de producción una interpretación todavía más evolucionada.

Lo que queda del Espíritu de Mukainada es mucho

Pero antes de convertir un diseño en realidad hay un importante trabajo detrás. En el caso del Mazda CX-30, fue necesario casi un año para obtener el visto bueno. Al fin y al cabo, el objetivo es alcanzar la perfección en cada detalle. Ahí entran en juego los mejores modelistas, que trabajan junto con los diseñadores para convertir un bloque de arcilla en una escultura Kodo. Estos virtuosos artesanos reciben el nombre de “takumi”. Para que un artesano se sienta merecedor de tal apelativo debe haber dedicado alrededor de dos décadas a perfeccionar una destreza específica. Existen tres modelistas “takumi” en la central de Mazda en Hiroshima. Las esculturas que crean son obras de arte que sirven a un único propósito: dar vida con sus manos a la esencia del diseño Kodo y mantener vivo el Espíritu de Mukainada.

Espíritu de Mukainada

Esa pasión por los detalles demuestra, una vez más, que trabajo y dedicación siempre tienen recompensa. En 2019 Mazda vendió alrededor de 1,5 millones de unidades pero, lo que es mejor, siguen ganándose los corazones de millones de fieles clientes en todo el mundo con cada pequeño paso que dan. Estamos seguros de que el Espíritu de Mukainada continuará vivo muchos años más.

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