Desde el pasado mes de agosto el Duque de Edimburgo ha dejado de cumplir con sus responsabilidades protocolarias. A sus 96 años, su carácter libérrimo e irreverente ha marcado su trayectoria vital.

el Duque de Edimburgo subido a una carroza

Nació en un palacio de la isla de Corfú (Grecia) en 1921, con el título de Felipe de Grecia y Dinamarca. Su madre fue la princesa Alicia de Battenberg y su padre príncipe Andrés de Grecia, y tuvo cuatro hermanas mayores. Un año después de su nacimiento, su tío, el rey Constantino de Grecia, fue obligado a abdicar y su familia se mudó a Francia. Después, cuando Felipe tenía siete años, se trasladaron al Reino Unido, y el joven recibió una educación de élite en colegios de Alemania (1933) y después el norte de Escocia.

Tras salir del colegio escocés en 1939 volvió a Inglaterra y, asesorado por su tío Lord Mountbatten (1900-1979), solicitó la nacionalidad británica y adoptó el apellido materno, pero traducido del alemán al inglés: Mountbatten. Después decidió alistarse en la Marina Real Británica y consiguió graduarse en la Britannia Royal Naval College como el primero de su promoción. En los años siguientes sirvió en diferentes buques de la Royal Navy con gran éxito. Cuentan que en 1943, como segundo del HMS Wallace, en las costas de Sicilia, salvó a su barco de un bombardero nocturno mediante unas balsas con flotadores de humo, que lograron despistar a los aviadores germanos. Mientras su tío, hombre de confianza de Churchill, fue nombrado en 1942 comandante supremo aliado en el sudeste asiático y virrey de la India.

el Duque de Edimburgo junto a la Reina en una visita a un acorazado

El Duque de Edimburgo tenía mucho éxito entre las mujeres, lo que junto a su genealogía de sangre azul facilitó su matrimonio con la princesa Isabel, heredera al trono, en 1947. Se cuenta que el rey Jorge VI le dijo: “suerte tienes de que la bragueta no pueda hablar”.

Cuando su esposa ascendió al trono en 1952 lo hizo con el nombre de Isabel II, y desde 1957 Felipe fue oficialmente príncipe del Reino Unido, además de primer caballero en la precedencia del país. Desde entonces ha tenido tiempo de tener cuatro hijos, ocho nietos, algunas amantes y de pertenecer a innumerables asociaciones benéficas y culturales de todo tipo.

Durante estas décadas ha tenido numerosas salidas de tono, y siempre le ha traído sin cuidado la llamada corrección política, ese modo actual de autocensura. Ha escandalizado a algunos hablando de armas, de minorías étnicas, de alcohol, educación… nunca se sabe. Esto ocurre porque con frecuencia ha dicho lo primero que se le ha ocurrido, de modo que algunas veces ha sido divertido y otras un poco cruel.

el Duque de Edimburgo en una cacería

El viejo y honorable marino nunca ha hecho esfuerzos por caer bien, no soporta a los periodistas y apenas concede entrevistas. “Ahí vienen esos buitres” es lo más cariñoso que suele dedicar a los informadores. Al director del Channel Four le espetó: “Así que tu eres el responsable de la basura que produce el canal”. Frente a un grupo de industriales hizo gala de su cinismo: “nunca he tenido reticencias a hablar de temas sobre los que no sé absolutamente nada”.

retrato del Duque de Edimburgo

El Duque de Edimburgo también suele meter la pata con bromas de tipo étnico. En una recepción a ciudadanos de origen indio en Buckingham Palace le dijo a uno de ellos: “hay muchos primos tuyos aquí esta noche”. En Kenia, tras recibir un regalo preguntó: “¿eres una mujer, no?” Y en una exhibición de arte primitivo etíope soltó: “son como los dibujos que trae mi hija del colegio”. A un líder aborigen australiano le dijo: “¿Aún os arrojáis lanzas unos a otros?” En una exposición de arte contemporáneo reflexionó frente a una estatua: “es junto lo que estaba buscando para colgar la ropa, pero como perchero me parece un poco caro”.

Bertrand Meyer, biógrafo de la reina, cuenta en uno de sus libros que en cierta ocasión, un paje del príncipe Felipe fue despedido por haberse acostado con una de las doncellas de la reina. El quid de la cuestión es que dicha empleada era muy fea, así que cuando se lo contaron a Felipe este dijo: “¿Y le han echado?” protestó. “Deberían haberle condecorado”. Respecto al estatus social reflexionó en una ocasión: “ la gente cree que aquí tenemos una estructura de clases muy rígida, pero los duques siempre se han casado con coristas. Algunos incluso con americanas”. Tampoco  tiene porqué hacerse el humilde cuando le preguntan por su vida en palacio: “Nunca he visto allí comida casera, todo es elaborado y elegante”.

el Duque de Edimburgo junto al Principe Charlie

El tema del alcohol también ha dado para situaciones divertidas, como cuando en una cena con el presidente italiano y mientras le agasajaban con los mejores vinos, Felipe le dijo al camarero: “consígueme una cerveza, ¡no me importa de que tipo, solo tráemela!” Un día que el embajador americano le obsequió con productos del Sur de EE UU lo primero que dijo fue: “¿dónde está el Southern Confort?”(whisky). Y aun mejor es lo que le dedicó a un conductor de escuela escocés: “¿cómo consigues mantener a los nativos lejos del alcohol el tiempo suficiente para pasar el examen?”

Siempre ha sentido especial interés por el medio ambiente, pero en este ámbito también suele hacer de las suyas. En una reunión del WWF (World Wildlife Fund) soltó: “si tiene cuatro piernas pero no es una mesa, si tiene alas y vuela pero no es un avión, y si nada pero no es un submarino, el cantonés se lo comerá”. Cuando le dieron un homenaje en Tailandia en reconocimiento a su dedicación a la conservación no dudó en proclamar ante las autoridades: “vuestro país en uno de los principales centros de comercio de especies amenazadas”.

Lo mejor es que, en el fondo, tampoco se toma a sí mismo demasiado en serio: “la tolerancia es algo esencial, puedes creerme si te digo que la Reina la tiene esa cualidad en abundancia”. Y cuando en 1992 le preguntaron por su trayectoria vital, el Duque de Edimburgo dijo: “francamente, hubiera preferido quedarme en la Navy”.

el Duque de Edimburgo, de espaldas, despidiendose

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