Hasta la reciente victoria de Rosberg, Damon Hill era el único hijo de campeón mundial que también logró el título. Ha conocido la tragedia, la gloria y la depresión, y veinte años después de su triunfo hace balance en exclusiva para Car sobre todo lo que ha vivido.

Nos encontramos en el piso de arriba del motorhome de Williams. Tenía que ser aquí, en la más británica de las escuderías, y en la que Damon logró su mayor éxito. Fue hace veinte años, y desde entonces las cosas han cambiado mucho para todos. Williams es una sombra de la escudería puntera que fue, mientras que Damon trabaja como comentarista de lujo para la televisión. Se mantiene delgado y en forma, como aquel joven que se convirtió en el piloto favorito de las amas de casa. Ahora tiene muchas canas y sus desafiantes ojos oscuros tienen otro brillo, pero la esencia permanece. Sigue siendo atento y remarcablemente modesto. Hasta hace poco conducía un VW Golf con más de 200.000 km.

La única gran diferencia con el hombre que era hace veinte años es la perspectiva. Ahora es más reflexivo que cuando era piloto, cuando todo estaba enfocado a la próxima carrera, a la última mejora aerodinámica, al siguiente entrenamiento. Todo eso cambió cuando se retiró en 1999. Le dio al espalda al deporte y se dejó crecer el pelo. Es ahora cuando puede ver sus logros con la perspectiva adecuada.

“Los años en la F1 son el punto más alto de tu vida. Decir esto no devalúa tu vida familiar porque son cosas diferentes, pero las experiencias que vives en la F1 son increíblemente intensas y se quedan en ti para siempre. Cuando estás ahí todo tu mundo gira entorno a eso, y lleva tiempo comprenderlo en toda su complejidad”. Estamos frente al paddock de Monza, donde Damon ha venido a trabajar como cabeza visible del canal Sky TV. Nuestro protagonista sonríe a uno de sus cámaras de Sky que está esperando a la salida del box de Jenson Button. Hace dos décadas era a él a quien esperaban los periodistas para conocer sus sensaciones. Es normal que estando en el circuito italiano, la conversación derive hacia sus experiencias en Monza. Ganó aquí en 1993 y 1994 y se estrelló en 1996, pocos días después de que Frank Williams le dijera que no contaba con él para temporada 97. Dos accidentes en pocas semanas ilustran bien la montaña rusa en que se convirtió la temporada ‘96.

“Sabía que 1996 iba a ser mi única gran oportunidad de ganar el título mundial” nos dice Damon. “El coche era bueno, Jacques Villeneuve era un debutante y Michael iba a pasarse el año desarrollando el Ferrari. Tenía que aprovecharlo. Lo hice, pero soy el tipo de persona a la que le cuesta aceptar los elogios y apreciar el valor de un logro. Ahora puedo mirar atrás y decir: “bien hecho Damon; cuando llegó la ocasión lo diste todo y lo conseguiste. Y sigo de una pieza”. Superó a su compañero de equipo Villeneuve por 19 puntos, un buen margen teniendo en cuenta que una victoria suponía diez puntos. La batalla fue dura en Suzuka, donde Jacques logró la pole. Pero Damon le adelantó en la primera curva y 52 vueltas después logró su octava victoria y consiguió el título.

La carrera fue el Gran Premio de Japón que más audiencia ha logrado en la historia de la BBC, e incluso Schumacher le felicitó por su título, aunque no cara a cara. Desde el principio se vió que el mundial iba a ser cosa de los pilotos Williams, y además de ellos solo Schumacher y Oliver Panis ganaron una carrera esa temporada. Pero no hubo luchas internas o sucias dentro del equipo, y en la pista no faltó el respecto entre Jacques y Damon. Aquel año el inglés tuvo la sartén por el mango: “Fue mi mejor año como piloto. Empecé cada carrera desde la primera línea. No fue una lucha como la que mantuve con Michael en 1994, cuando él estaba siempre un paso por delante y tuve que esforzarme hasta el extremo para superarle (Schumacher le ganó el Mundial por un punto y con polémica en Adelaida). En 1996 no fue así”.

Hill y Schumacher en Suzuka, 1996.

Tras la angustia que rodeó los inicios de Damon en la F1, cuando tuvo que superar la muerte de su compañero Ayrton Senna, el apoyo de la afición fue enorme. El Silverstone se colgaba el “no hay billetes” y era portada de las revistas con frecuencia. Se convirtió en uno de los deportistas británicos más populares. “Lo más extraordinario es que realmente no lo recuerdo así. Por supuesto que era consciente del apoyo de la afición, pero cuando estás dentro de algo tan intenso como la Formula 1, está en una burbuja. No ves lo que hay fuera, no ves el efecto que causas en otras personas. Creo que es comparable a lo que les pasa a los astronautas. Se van aislados a la luna y cuando vuelven, ven los videos de lo que han hecho. En algún momento Buzz Aldrin se gira a Neil Armstrong y le dice: “mientras estuvimos en la luna nos perdimos el espectáculo”. Es algo parecido”.

Damon Hill celebra su título mundial tras el GP de Japón en Suzuka, 1996.

“Cuando pienso en lo que me impulsó a intentar llegar a la F1, me resulta difícil separar mi propia voluntad de labrarme un futuro, del niño dolido que se decide a revivir las vida de su padre para superar su trágica perdida. Durante mi carrera siempre estuve algo confuso sobre si yo era un verdadero piloto o alguien con una misión que debía cumplir antes de poder ser yo mismo. La mayor parte de mi vida necesité una respuesta para la gran cuestión: ¿Soy una repetición de Graham Hill? Graham Hill II? O soy Damon Hill parte I? Desde el momento en el que el avión de mi padre se estrelló, se puso en marcha un proceso que me llevó a ser campeón del mundo. De eso no tengo duda”

Graham Hill y su hijo Damon en el GP de Monza.

A pesar de su éxito y de su popularidad, Damon fue despedido de Williams a final de la temporada en la que logró el título. Hacía tiempo que Heinz-Harald Frentzen estaba en el punto de mira del equipo, y a mitad de temporada Damon ya sabía que su tiempo era limitado. En algunos medios se dijo que el dinero sería la causa del “divorcio”, mientras la prensa alemana contaba que Frentzen estaba contratado desde finales de 1995. En todo caso Hill fue el cuarto piloto de Williams en nueve años despedido tras ganar el título, como lo fueron antes Nelson Piquet, Nigel Mansell y Alain Prost. Como bien supo ver Damon, nunca más tendría el título tan a tiro como el año en el que lo ganó.

 

El Williams FW 18 estaba hecho para él y alrededor de él. Funcionaba como a él le gustaba e incluso su talla, alto para la media, no fue un problema como sí lo fue en anteriores monoplazas. La separación llegó tras cuatro años en los que Hill fue más que un piloto para Williams. Comenzó como piloto de pruebas, y se hizo con el asiento cuando Mansell se fue a correr a la IndyCar. Después tuvo que tomar el liderazgo del equipo tras la muerte de Senna. Se convirtió en el centro de atención con una experiencia aun algo limitada, y le tocó luchar contra Schumacher.

Hill con el FW18 en el GP de Alemania de 1996.

Después de tantas temporadas de Williams con títulos y vaivenes, ¿cómo fue para Damon ganar el campeonato? “Esa frase que dice que lo mejor es el camino, no el destino, es en parte cierta. La satisfacción total la sientes cuando estás en lo alto del pódium, con los brazos levantados, haciendo que las cosas funcionen. Cuando eso ha pasado llega una especie de anti-climax porque piensas: ¿y ahora qué? Pero debes mantener cada esfuerzo deportivo en su contexto. Porque es una prueba, un reto que te impones tu mismo. Cuando decimos que esto o aquello es duro, debe ser puesto en perspectiva porque hay gente que está paralizada, o tiene una problema de salud. Eso sí es duro de verdad y ellos no pueden elegir”.

Respecto a su depresión, tiene claro lo que le ocurrió: “Te acostumbras a altos niveles de adrenalina y acabas sabiendo como lidiar con ello. Cuando paras, sufres un “efecto retirada”. No hay adrenalina, no hay vida. ¿Dónde está mi estímulo? Tras la F1 me quedé frío. Pocos años después de dejar de correr acepté que estaba deprimido y necesitaba a alguien con quien hablar de ello”.

En todo caso lograr el título mundial supuso la realización de un sueño que comenzó cuando su padre Graham se mató en un accidente de avión en noviembre de 1975. Fue el único hombre que ha ganado el Mundial de F1 (dos veces), las 24 Horas de Le Mans y las 500 Millas de Indianápolis. Cuando ocurrió la tragedia Damon tenía 15 años. Tras aquello no se puso inmediatamente a perseguir su sueño, y no empezó a correr en coches hasta que tuvo 21 años, mucho más tarde que sus contemporáneos (el padre de Schumacher, por ejemplo, tenía un karting). Hasta entonces había trabajado de mensajero en Londres y buscó consuelo corriendo en motos en Brands Hatch. Su padre pensaba que Damon era demasiado inteligente como para hacerse piloto, pero obviamente se equivocó.

“Ahora tengo 56, más edad de la que mi padre nunca tuvo. Él vivió hasta los 46. Me produce algo de tristeza el hecho de que él nunca me viera correr o ganar el campeonato. Creo que habría sentido tickled pink (cosquillas rosas), una expresión que él usaba mucho. Pero mi madre estaba enormemente orgullosa de lo que conseguí, como toda mi familia. Todos han crecido y envejecido desde entonces y ahora mis hijos están conociendo lo que hizo su padre en la “guerra”. Desde mi primera carrera en Lydden Hill, mi lamentable debut en Brands Hatch, el accidente de 1989, el infierno de Imola o los líos de los contratos y la prensa… finalmente prevaleció mi cita con el destino”.

Y vivió batallas muy buenas, sin duda. Muchas en 1996, pero también antes. Él considera que en el GP de Japón de 1994 tuvo su mejor actuación. “Conduje como nunca esa carrera, mi deseo de ganar fue excepcionalmente fuerte aquel día. Lo dí todo y salí de una pieza”. Los libros de historia recordarán a Damon sobre todo por su título mundial, y por ser, hasta el reciente triunfo de Nico Rosberg, el único hijo de campeón que ha logrado ser campeón. Los fans de Senna también le ven como el último compañero del genio brasileño, pero sus batallas con Schumacher tampoco se olvidarán. “No solo peleé con Michael, fui compañero de equipo de Senna, Prost y Mansell y en ocasiones fui más rápido que ellos, pero nunca fui más rápido que Senna”.

 

Hill y Senna en 1994, como compañeros en Williams.

Ser compañero de Ayrton Senna no fue fácil para nadie: “Me preguntaban mucho si me desestabilizaba el hecho de tener al brasileño como compañero de equipo. ¿Por qué? Preguntaba yo. ¿Qué va a hacer? ¿controlar mi mente?. Todos llevamos pantalones y trataba de convencerme a mi mismo de que Ayrton era un ser humano como otro cualquiera. Pero la prensa tenía razón, y él provocaba impresión y admiración tanto en los otros pilotos como en los fans”.

Recuerda perfectamente el día en que Senna murió: “Pasé junto a su Williams accidentado cuando rebotó desde el muro, con su alerón delantero volando delante de mi. Nunca pensé que aquello podía ser un accidente mortal. Solo pensé: ¡fucking hell, otra vez no! No solo por ser otro accidente, sino porque Ayrton quedaba fuera de carrera por tercera vez seguida. Me dio algo de fuerza saber que mi padre había pasado por esa situación en el pasado y había logrado superarlo: “En la familia Hill nos dedicamos a esto. Ser piloto de competición es así, debes continuar con tu trabajo, debes volver a empezar… me decía a mi mismo”. En el aeropuerto los mecánicos y los ingenieros estaban sentados en silencio, absolutamente hundidos. Por alguna razón sentí la necesidad de empezar a hablar y les dije: “solo quiero que sepáis que siempre confiaré en vuestros coches”. Mirando atrás creo que en ese momento comencé sentir que tenía la responsabilidad de llevar el equipo adelante, como mi padre había hecho con Lotus en 1968”.

Sus antecedentes con el as brasileño no le hace diferente de otros compañeros de equipo que tuvo Ayrton. Pero su disposición a formar equipo con tres de los mejores pilotos de la historia, sí. Tanto Senna como Prost y Mansell vetaron a otros pilotos durante su carrera, pero Damon nunca lo hizo. Simplemente siguió adelante con su profesión. Damon Hill luchó con vehemencia y siguió sus principios. Además es el único piloto de la era moderna que pudo medirse contra el más grande, porque ambos compitieron con el mismo coche.

Portada de la autobiografía de Damon Hill.

Y consiguió vencer a Schumacher. “Las carreras de 1994 habían favorecido una especie de rivalidad mediática entre Michael y yo. En cierto modo me pareció divertido jugar el chico bueno contra el chico malo, pero mirando atrás creo que escogí pelearme con el tipo equivocado. Curiosamente fui comisario en el GP de Mónaco de 2010 y tuvimos que penalizar a Michael, fue una ironía, y a él también le pareció gracioso. No hubiera podido aspirar a más que a haber competido contra el piloto más laureado de todos los tiempos ¡ y ganar! Y pensar en toda esa gente que me dijo que era demasiado viejo, o lento, o que debía buscarme otro trabajo”. Damon mira el reloj y se excusa, debe ir a cumplir con su trabajo con la televisión. Me da la mano, con firmeza pero sin excesos, y se pierde entre la multitud en el motorhome de Williams. Muchos le miran y sonríen, pero él no se detiene, aún tiene muchas cosas que hacer.

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