Hoy ha tocado recorrer tres países en un solo día. Decimos adiós a Croacia y ponemos rumbo a Eslovenia, concretamente a Ivan na Gorica, una pequeña localidad al sur de Liubliana donde se encuentra la fábrica de Akrapovic, la famosa marca de escapes. Después de la visita a la factoría llegaría el turno de conducir por rutas de montaña espectaculares hacia los Dolomitas para volver a Italia.

Al llegar a la fábrica de Akrapovic nos reciben con acento español, y es que hay unos cuantos trabajadores en la empresa que son españoles. Lo primero que hacen es ponernos unas pegatinas en las cámaras de los móviles para no hacer fotos dentro, son punteros en ciertos métodos de fabricación y claro, una foto en el lugar equivocado puede ser un problema. El proceso es una obra de arte. Para empezar Akrapovic fabrica su propio titanio, material principal en sus sistemas de escape de alto rendimiento. Esto les ayuda a mejorar sus calidades y no depender de terceros. Usan técnicas de todo tipo, desde impresión 3D, a máquinas de fundición de titanio o una máquina de escáner 3D.

Trabajan directamente con algunas marcas para fabricar escapes opcionales pero también como proveedores de escapes de “aftermarket”. Son especialistas en reducir peso y ganar prestaciones, además de porque sus escapes encajan  a la perfección, algo que no sería posible sin una máquina de escáner para coches con la cual miden todo el hueco que ofrece el coche para albergar su sistema de escape.

Después de quedar maravillados con cómo se producen algunos de los mejores escapes del mundo, e incluso ver un BMW M2 en banco de pruebas, es hora de partir a Italia, los Dolomitas aguardan. Una vez más se me había pasado repostar antes de la ruta larga y ahora me veo solo en la gasolinera y escuchando como los coches pasan por la autopista, sabiendo que hay dos horas y media de ruta por delante. Pero el azar pone en el camino un atasco que me da margen para reunirme con el grupo. Salgo de la autopista hacia las carreteras de curvas pero nada, ni un solo coche del 6to6 Europe Tour a la vista. Así que disfrutemos del GT-R. A cada día que pasa encuentro más cualidades del coche. Con el modo R activado para el control de tracción, si damos gas con ímpetu saliendo de una curva notaremos como la trasera se descuelga un poco, pero al encarar la recta el coche se encaja sobre dos railes y sale catapultado. Su sistema de tracción total siempre estará ahí para colocarte y catapultarte. Después de casi una hora solo escuchando el V6 de mi Nissan GT-R diviso en una gasolinera dos coches. Son un 458 Italia y el Diablo de Josef Ajram, así que el resto de la ruta al menos no la haré solo.

Partimos los tres y pronto salimos de Eslovenia por una Autostrada con unas vistas alucinantes, situada en un valle entre montañas y que tiene un horizonte casi infinito. En los túneles el sonido de los italianos es ensordecedor, un estruendo que debe de dejar atónitos a los demás coches que adelantamos. Ni siquiera los dos turbos de Godzilla aspirando a la vez a máxima potencia pueden igualar el ruido del V12 italiano. Seguimos pasando montañas por autopista hasta el desvío  hacia Cortina d’Ampezzo. Sufrimos con unos cuantos camiones que pasaron muy rápido y muy cerca de nosotros en el sentido contrario, pero después de unos tramos casi vacíos llegamos al restaurante, dos horas tarde eso sí.

El sitio es una zona de prácticas de Biathlon, el deporte de esquí y tiro de precisión. Pero un par de sixters, en lugar de practicar el tiro de precisión van a practicar el drift de precisión, ya que hay una especie de óvalo asfaltado. Los encargados de amenizar la sobremesa con un 458 Italia y un BMW M3 con 550 CV. Varios chillidos de goma y humo después es hora de partir. El M3 encarga una cubierta nueva para su rueda trasera derecha y yo marcho junto a un Lotus Evora. Ya sabía que Godzilla podía seguir el ritmo a coches de gran cilindrada y doble precio, pero quería verlo frente a un contendiente del espíritu opuesto.

Hay que ver lo bien que traza ese Lotus, ni se mueve a penas y puede trazar las curvas rápidas a un ritmo alto. En recta mis 570 CV hacen que alcanzarlo sea sencillo pero vamos juntos al hotel así que prefiero darle distancia. La montaña es impredecible y a media hora de llegar empieza a caer el diluvio universal. Bien, pienso yo, oportunidad de ver cómo se comporta el GT-R en mojado. Pero el chico del Lotus no está tan alegre como yo y levanta el pie considerablemente. Le doy mucho espacio y prueba un par de curvas donde veo que el GT-R se muestra seguro pero la lluvia es tan intensa que al dar gas saliendo de curva se pierde mucha adherencia y el control de tracción parpadea con rabia. Por fin llegamos al hotel después de intensas rutas por la montaña, pero mañana nos esperan más.

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