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El tráfico en Los Ángeles es un ambiente hostil y, aunque parezca mentira, nuestro nuevo Corvette cabrio está jugando la partida con armas de ganador. Por primera vez en siete generaciones la suavidad del embrague, la rapidez de la dirección y la respuesta inmediata del motor te permiten aprovecharlo al máximo, y es que conducir un Corvette puede estar lleno de prejuicios que debemos ir borrando.

Por ejemplo el que atañe al diseño. Durante años lo hemos considerado más vasto frente a la refinada competencia europea y japonesa, pero este Corvette juega en las dos ligas, con el impresionante capó, el puesto de mando retrasado y la trasera cortada que exige un amante americano de este Chevrolet, y también con la pasión por el detalle que muestra cualquier rival europeo. Hablamos de un frontal muy bien resuelto, con bonitos faros, la salida de tomas de aire del capó perfectamente integradas y unas líneas convexas que dan a la carrocería una auténtica belleza. En la trasera los pilotos tienen un nivel de detalle magnífico, con muchas horas de trabajo en su resolución. Los cuatro escapes centrales de la trasera tienen dos posiciones de sonido “Normal” y “Sport”.

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Otro prejuicio es el interior. Los espectaculares Corvette siempre han tenido una calidad de plásticos, así que, cuando abrimos la puerta del nuevo la sorpresa es mayúscula. Los asientos tipo bácquet son excelentes para conducir, lejos de los sofás que se ofrecieron antaño, y todo el cuadro de mandos gira hacia el conductor para facilitar su visión. En tecnología también da un gran salto. No solo tiene una pantalla central táctil muy bien resuelta, sino que se atreve con detalles como el Performance Data Recorder, un sistema que graba vídeo en alta definición. Además, también cuenta con el Head Up Display, la instrumentación reflejada en el parabrisas que se sitúa a una altura perfecta para el conductor.

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Pero dejemos de lado la teoría, los Corvette siempre han tenido un problema para los europeos: las curvas. Con semejante motor a los clientes americanos poco les importaba que el paso por las –pocas– curvas de su día a día no fuera genial. Este Corvette con su enorme V8 central delantero muerde las curvas como si le fuera la vida en ello, haciendo que queramos ir más rápido, con más rabia y precisión en cada nueva trazada, exactamente lo que esperamos de un deportivo europeo. La versión descapotable no sufre de ningún tipo de falta de rigidez y es tan deportiva como el cupé, solo que podemos disfrutar a cielo abierto de todo lo que nos ofrecen las carreteras californianas.

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Pero, sobre todo, en un Corvette se disfruta del sensacional motor de ocho cilindros. Con 6.2 litros, su borboteo hace que queramos comprarlo solo por su mecánica. Tiene solo dos válvulas por cilindro, una vieja tecnología que todavía es la mejor para proporcionar par motor a bajas vueltas, y de eso se trata en un Corvette, de acelerar y salir pitando en cualquier dirección, más que de buscar el mejor rendimiento en las últimas 500 vueltas. Aun así que nadie tome a broma un coche con 466 CV y menos de 1.600 kg. Los que crean que este Stingray se queda corto de potencia, que esperen la llegada del Corvette Z06 de 634 CV, con el que seguro que no habrá queja alguna.

El resultado final es el de un coche soberbio que nos apetece seguir conduciendo, tanto por curvas como en largas rectas, en ciudad o en carretera. Chevrolet ha anunciado precios de 99.500 euros para el cupé y 104.500 euros para el cabrio en Alemania, tarifas que no distarán mucho de las que se ofrecerán en España.

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