- Publicidad -

 

Si a alguien le debemos el éxito de los familiares en Europa es, seguramente, a Audi. Aquellos “rancheras” que eran poco menos que ambulancias, funerarias o coches para trabajar se volvieron coches muy cool cuando Audi decidió lanzar el primer RS2 con la ayuda de Porsche y solo con la carrocería familiar Avant. Desde entonces la marca ha mantenido la tradición de lanzar sus modelos de altas prestaciones solo con carrocería familiar, y el último en llegar es el nuevo RS4 Avant.


Viene con muchos cambios, porque donde antes encontrábamos un V8 atmosférico ahora aparece un V6 biturbo, y del cambio de doble embrague se pasa a uno automático convencional. Lo que no cambia es la tracción, que siempre es a las cuatro ruedas. Para convertirse en RS el Avant ensancha sus aletas, amplía sus tomas de aire, adapta un difusor a su zaga, rebaja la suspensión y presenta dos tremendas salidas de escape ovaladas que intimidan hasta a los más valientes. Rinde 450 CV, que serían la leche si no fuera porque sus rivales están jugando ya en una liga un pelín superior.


Ya hace años que Mercedes nos sorprende con modelos muy deportivos para lo que era habitual en su empresa. De aquella Mercedes dedicada al confort y a los coches sénior no queda casi nada: ganan en F1 y venden más AMG y modelos compactos que nunca, pero el Clase C es uno de sus modelos clave, y Mercedes no se corta. Utiliza el mismo motor V8 biturbo de cuatro litros que los AMG altos de gama para ofrecer un C AMG en carrocería berlina, familiar, cupé o cabrio, siempre con tracción trasera y con cambio automático, en este caso el de siete marchas “speedshift” de AMG. Se ofrece con dos potencias, 476 y 510 CV, el de esta prueba, y también el más vendido.


Ya no hay más rivales familiares, porque BMW no fabrica el M3 con carrocería Touring y porque el Alfa Giulia no existe como familiar porque para esos clientes Alfa, que no va tan nutrida de recursos como sus rivales, ofrece el SUV Stelvio QV con este mismo motor y casi el mismo chasis. De los dos en formato berlina hemos elegido el Alfa porque es bueno ver cómo otros fabricantes se enfrentan al poderío de la industria del automóvil alemana. Como muestra, el italiano consigue la potencia del Mercedes (510 CV) con la cilindrada y tecnología del Audi, es decir, V6, 2.9 litros y dos turbos. La tracción trasera se combina con caja manual o automática de ocho marchas, la presente hoy.

Primero el de la estrella

Iniciamos la prueba subidos en el Mercedes, y llueve tanto que echamos de menos una velocidad más en el limpia. El coche, con tanta agua, es delicado, y en zonas de curvas tenemos que ir con guante de seda para evitar los sustos, eso sí, es una conducción divertida, porque la trasera se mueve y el coche incita a divertirse. Por el retrovisor vemos el Audi, en el que seguro que nuestros compañeros van apuntando a las curvas sin preocuparse de los deslizamientos…

Cuando el asfalto se seca y las ruedas empiezan a coger temperatura y agarre el Mercedes se suelta la melena. El morro no se va ni un ápice de donde apuntamos y la trasera, en modo “Sport”, permite jugar con algún derrapaje, pero sin duda el protagonista es el motor, una mecánica que, incluso al ralentí, gorgotea al más puro estilo de V8 americano.

Gran confort y bonito diseño,y los asientos sujetan muchísimo en conducción deportiva.

Es una joya mecánica, y solo podemos aplaudir a AMG por haber logrado trasladar el espíritu del anterior V8 atmosférico de 6.3 litros a este biturbo 4.0. No es extraño que, del AMG GT a este Clase C, todos los AMG de la gama equipen esta brutal mecánica, y porque no cabe en el Clase A, sino seguro que también la montaban. Lo capital es que hace de cada desplazamiento pura emoción.

Momento de subir en el Audi

Todo está más ordenado que en el Mercedes, por algo es un coche más moderno, y la especificación técnica de nuestra unidad nos gusta. No lleva ni los discos de carbono –que cuestan 9.000 eurazos tanto en el Audi como en sus dos rivales– ni la suspensión adaptativa ni la dirección de asistencia variable. Sí en cambio las llantas de 20” que, a pesar de los enormes rodillos de 275 mm, otorgan menor rumorosidad que en el Mercedes.


El Digital Cockpit del Audi no anula la pantalla central, que al final es la que más utilizamos. Calidad soberbia.

 

Al volante la entrada de potencia es pacífica pero contundente. El sistema Quattro distribuye la potencia con preferencia por la zaga, pero el RS4 avanza sobre raíles, inamovible y sin apenas inclinar, metiéndose entre pecho y espalda una curva tras otra como el que se fuma un puro en los toros. Gloria bendita. Nos permitimos hasta salirnos de la trazada para coger charcos, porque esta máquina funciona casi igual de bien en seco que en mojado, y si vivimos en zonas donde llueve es uno de los coches que nos llevaríamos de cabeza al garaje.

Pero hablamos de deportivos, e Italia siempre tiene algo que decir. El Giulia QV es el mejor Alfa deportivo de las últimas décadas, un coche donde la marca ha puesto todo su empeño en estar con los mejores. Si ponemos el modo “Sport”, que anula el ESP, nos enfrentamos a una fiera capaz de poner en aprietos a su conductor. La precisión de su dirección, la suspensión en modo “Sport” o lo bien que tracciona desafían la física, y nos llevan a un coche realmente rápido, brutal e italiano. Sudas la gota gorda, pero te lo pasas como un enano al volante. Es el más deportivo del trío, de eso no hay duda. Esta diversión nos debería hacer olvidar el interior más pequeño, aunque perfectamente apto para una familia, ya que las tallas altas se acomodan bien detrás y hay un maletero de casi quinientos litros.

Lo contrario sucede en el Audi, que casi parece el salón de casa. La calidad es indestructible, y los ajustes entre paneles se miden en micras. El equipo multimedia se controla desde el volante o el mando MMI, el acabado es sublime, los asientos sujetan y molan y en la zaga caben algunas bolsas más que en el Alfa. Por último, el fantástico interior del Mercedes empieza a parecer muy curvo, la pantalla algo pequeña, aunque perfectamente útil y algunos mandos mal emplazados. Los asientos AMG opcionales de la versión S son, en cambio, extraordinarios.

Llegan las conclusiones

El precio no creemos que sea decisivo, pero sí hay que señalar que Alfa pide unos 89.000 euros por el Giulia automático y Audi casi 97.000 por el RS4. El Mercedes se ubica entre ambos, con 95.000 para la versión normal de 476 CV y unos 105.000 para el S de 510 CV aquí presente. En cualquier caso, no estamos aquí para hablar de algo tan mundano como el dinero, sino de sensaciones.


El RS4 es el mejor coche de los tres, el que permite disfrutar de sus prestaciones durante más tiempo, el de mayor calidad y el que tiene un interior con clase, es el que nos llevaríamos a casa si tuviéramos que conducirlo a diario, pero su conducción no es tan emocionante como en sus dos rivales.


Entre ellos el Alfa es glorioso, todo un deportivo camuflado de berlina que nos hace exprimir nuestras cualidades al límite para sacar su quintaesencia y disfrutar como cosacos. Es algo más efectivo que el Clase C que, en cambio, tiene un motor que vale la pena disfrutar. Es este cuatro litros nacido de la magia de AMG el que hace que el Clase C familiar sea la opción más completa de los tres, dentro de un trío en el que, como diría aquél, el que no queráis, me lo llevo a mi casa de por vida. ¡Vaya cohetes! 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

dos × 4 =

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.