Director, productor, guionista, músico… Pocos pueden presumir como Clint Eastwood de haber desarrollado tantas profesiones en una sola vida, y todas ellas llenas de éxitos y satisfacciones.

Nació en 1930 en San Francisco y se puede decir que Clint Eastwood ha aprovechado cada uno de los minutos de su existencia. Su padre trabajaba en una empresa de aceros y su madre se ocupaba de la casa, mientras Eastwood trabajaba en lo que podía para colaborar en la economía familiar. Fue leñador, repartidor de periódicos, dependiente, caddie y trabajó como ayudante en una gasolinera, pero también fue instructor de natación para el Ejército. Esta última no fue fortuita, como las anteriores. Mientras hacía el servicio militar en 1951, el avión en el que volaba cayó al océano cerca de Punta Reyes, y Clint alcanzó la costa después de cinco kilómetros nadando.

En 1954, cuando estaba en la escuela de interpretación, recibieron la visita de Marlon Brando. El genio les explicó que “el truco no estaba en actuar, sino en ser”. Parece que Clint siguió el consejo, eligiendo siempre personajes acordes con su personalidad. En 1958 le llegó la oportunidad. Consiguió una interpretación secundaria en Rawhide, que tuvo un gran éxito y se convirtió en su trampolín. “El bueno, el feo y el malo” (1966) le consagró definitivamente. Se podría decir que la carrera de Clint se puede simplificar a partir de cuatro elementos muy básicos: las armas, los caballos, las mujeres y los coches.

Cuando le dieron en papel en Por un puñado de dólares, Clint no estaba muy convencido, no se sentía cómodo con el personaje, hasta que le pusieron el contrato delante en el que se le ofrecían 15.000 dólares por 11 meses de grabación y un Mercedes. No era una mala forma de incentivar al reparto. No obstante, Eastwood siempre se ha declarado amante de los grandes coches americanos de hierro, mucha cilindrada y muchos caballos, y de los Ferrari. El 275 GTB se lo regaló en productor Dino de Laurentiis cuando filmaban “The witches”, en Roma en 1966. Se unía así a otros compañeros de profesión como Steve McQueen y James Coburn. El primero tuvo un 250 GT Lusso y un 275, y el segundo un 250 GT California. Otra de las grandes joyas de las que Clint se enamoró locamente fue del Mercedes 300SL que utilizó para rodar The Roockie en los años noventa, dirigida y protagonizada por él, y compartiendo cartel con Charlie Sheen, que también sentía una gran pasión por el automóvil.

Según Eastwood, cuando somos pequeños, nos gustan los coches descapotables, rápidos y visualmente espectaculares, pero cuando uno se hace mayor, nos dejamos llevar por la cantidad de hierro que estos tienen a su alrededor.

Desde CAR nos declaramos fieles seguidores del tipo más duro del cine, quien ha dejado para la historia muchas grandes frases, entre las que nos quedaríamos con esta: “Ya sé lo que estás pensando: ¿He disparado seis o solo cinco veces? La verdad, con todo este ajetreo yo también he perdido la cuenta, pero dado que esta pistola es una Magnum 44, el arma más poderosa del mundo, que puede volarte la cabeza de un tiro, solo tienes que responderte a ti mismo, ¿es mi día de suerte?”.

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