El día que César Manrique metió a Lanzarote dentro de un BMW Art Car

El día que César Manrique metió a Lanzarote dentro de un BMW Art Car

Entre gigantes como Andy Warhol, Roy Lichtenstein y Jeff Koons, solo figura un nombre español. Recordamos la obra maestra de César Manrique en 1990

La colección BMW Art Car es, seguramente, el club más exclusivo del mundo del arte y el motor. Desde su inicio en 1975, decenas de artistas han plasmado su visión sobre la chapa alemana, pero en 50 años de historia, solo un español ha recibido la llamada de Múnich: el genio canario César Manrique.

Aunque la reciente exposición en el Rétromobile de París ha puesto el foco en las bestias de carreras de Le Mans (como los M1 o los V12 LMR), la historia de esta colección estaría incompleta sin el BMW 730i de 1990. Un coche que no nació para los circuitos, sino para ser un lienzo de lujo que rompiera con la estética agresiva de sus predecesores.

Ojos en la carretera… y en el paisaje para el BMW Art Car

César Manrique

EL ÚNICO ESPAÑOL

BMW 730i ART CAR (1990)

BMW 730i César Manrique
LA PALETA DEL VOLCÁN
LAVA
VEGETACIÓN
FUEGO
ATLÁNTICO
«Quise unir la tecnología alemana con la naturaleza de Lanzarote. Que el coche pareciera deslizarse sin tocar el suelo.»

A diferencia de los coches de competición de Frank Stella o Jeff Koons, diseñados para cortar el viento, Manrique trabajó sobre una berlina de representación, un Serie 7. Esta elección no fue casual. Fiel a su incansable defensa de la ecología y la armonía entre el hombre y el entorno, Manrique no quiso pintar la «velocidad» pura, sino la sensación de deslizarse a través de un paisaje.

Su diseño es un tributo rodante a la geografía de su isla natal, Lanzarote. Manrique utilizó formas abstractas y sinuosas que «abrazan» la carrocería del coche, evitando las líneas rectas y agresivas típicas del diseño automotriz.

Lava, Mar y Sol: la paleta del volcán en el BMW Art Car

El resultado es un contraste orgánico espectacular sobre la fría ingeniería alemana. Los colores no son decorativos; son narrativos. En su obra se reconocen elementos naturales a través de colores llamativos y formas abstractas.

Manrique logró algo que parecía imposible: que un automóvil, el símbolo supremo de la tecnología industrial, pareciera un elemento natural, casi un organismo vivo. Hoy, su BMW 730i sigue siendo una pieza única, recordándonos que la tecnología no tiene por qué estar reñida con la belleza orgánica.