Cerebros de la operación

Cerebros de la operación

El último Emira, el deportivo Lotus más popular de los últimos años, se encuentra con el SUV híbrido que ha surgido de los restos del plan de pasarse por completo a lo eléctrico.

¿Es esta una combinación de cabeza y corazón que puede hacer que el mundo vuelva a amar a Lotus?

Llamémoslo el momento Lotus, ese punto particular en el que experimentamos los placeres sensoriales que solo un Lotus puede ofrecer. Habrá una dirección ligera, un chasis finamente equilibrado y justo la cantidad adecuada de potencia. De repente, todo esto cristaliza y te deja maravillado ante todo lo que la marca es capaz de conseguir.

En el Emira 420 Sport ocurre a los 193 kilómetros de nuestro viaje. En una preciosa carretera de montaña se aproxima una larga curva a izquierdas en subida. Quinta se convierte en cuarta, que se convierte en tercera, y el motor de cuatro cilindros va elevando su intensidad con cada tirón de la leva. Sin poder ver todavía la salida, la curva comienza con un giro suave, con todos los mandos del coche neutros y equilibrados mientras nos dirigimos hacia el vértice.

Cuando la salida queda a la vista, es el momento de apoyarse en el acelerador, entrar en la banda de par del motor y cargar la suspensión. La parte trasera se agacha, los neumáticos delanteros se aferran al asfalto y no hay retraso en nada de lo que hace el Emira; sus reacciones fulgurantes llegan directamente al habitáculo. La sensación es gloriosa. Y ligera, como una bailarina desplazándose sobre el asfalto, apenas afectando a la superficie bajo ella.

Una marca que puede hacer muchas cosas

Lotus necesita coches capaces de generar momentos así, pero hoy la marca también quiere demostrar que puede hacer algo muy distinto. De ahí que junto al Emira aparezca el Eletre X H1000, un SUV híbrido enchufable de planteamiento radicalmente diferente, enorme potencia y una carga tecnológica que lo sitúa en otro extremo de la gama.

El Emira sigue encarnando esa búsqueda de ligereza, equilibrio y simplicidad que ha definido a Lotus durante décadas, mientras que el Eletre emplea una arquitectura mucho más compleja y sofisticada. Precisamente por eso resulta tan interesante reunirlos en las mismas carreteras: uno representa la interpretación más clásica de la marca y el otro muestra hasta dónde puede ampliarse esa idea sin perder de vista la conducción.

El Eletre recurre a sistemas de asistencia para aprovechar toda su enorme potencia y par.

El Emira 420 Sport tiene un propósito claro: tomar la fórmula de los deportivos Lotus del pasado, hacerla más enfocada y extraer todavía más de ella. El Eletre, por su parte, utiliza una versión modificada de la Electrical Performance Architecture y un sistema híbrido enchufable que combina una batería de gran capacidad con un motor de gasolina, creando una propuesta mucho más orientada a las largas distancias, las prestaciones y la tecnología.

El planteamiento técnico del Eletre X llama la atención desde el primer momento. En lugar de seguir la fórmula habitual de otros híbridos de altas prestaciones, en los que una batería relativamente pequeña apoya a un gran motor de combustión, aquí ocurre casi lo contrario. Delante hay un cuatro cilindros de 2.0 litros y bajo el coche una enorme batería de 70 kWh.

El resultado son 952 CV, 936 Nm de par y un 0 a 100 km/h en 3,3 segundos. Son cifras extraordinarias para un SUV de este tamaño, y aún impresionan más cuando recuerdas que el conjunto pesa 2.690 kg. Pero la manera en la que entrega sus prestaciones es quizá todavía más interesante.

El Eletre se siente como un coche eléctrico asistido por gasolina. Ni siquiera hay un botón de arranque convencional: basta con entrar, seleccionar Drive mediante el pequeño mando central y empezar a avanzar prácticamente en silencio. Cuando el motor de gasolina entra en funcionamiento lo hace con una suavidad notable, hasta el punto de que apenas se oye o se siente.

Su función principal es actuar como generador, aunque también puede enviar potencia a las ruedas delanteras, y cuando todo el sistema trabaja al mismo tiempo el Eletre acelera con una intensidad enorme, incluso mayor de la que sus cifras ya sugieren.

Un control de la carrocería excelente

El chasis está preparado para administrar toda esa potencia. Hay gestión activa del par, suspensión neumática de doble cámara, amortiguadores adaptativos de doble válvula y un sistema antibalanceo activo de 48 voltios.

Todo ello permite que un coche grande y pesado mantenga un control de carrocería excelente en las rápidas sucesiones de curvas del páramo, y que se sienta especialmente bien asentado cuando la carretera empieza a ondular.

El Eletre cambia de apoyo con una disciplina que sorprende por su tamaño y mantiene la carrocería bajo control incluso cuando encadenas curvas a un ritmo elevado. La electrónica y la suspensión trabajan constantemente, pero desde el asiento del conductor lo que percibes es estabilidad, precisión y una enorme reserva de capacidad.

En carreteras rápidas, la forma en la que mantiene su trayectoria hace que su tamaño deje de ocupar el primer plano y empieces a concentrarte simplemente en conducir.

Una capacidad enorme para cubrir kilómetros

También aparece otra faceta del Eletre en los desplazamientos largos. En autopista combina silencio, asientos cómodos, gran autonomía y una capacidad enorme para cubrir kilómetros, hasta convertirse en un auténtico GT.

La arquitectura de 900 voltios permite además una capacidad de carga poco habitual en un híbrido enchufable: Lotus anuncia hasta 436 kW en corriente continua y una carga del 20 al 80 por ciento en nueve minutos utilizando un cargador de 350 kW.

La batería permite recorrer alrededor de 322 kilómetros únicamente con electricidad y, combinada con el depósito de gasolina de 57 litros, proporciona una autonomía total estimada de alrededor de unos 1.200 km.

Es una forma muy distinta de entender un Lotus, pero también una demostración de hasta dónde puede llegar la ingeniería de la marca cuando se aplica a un coche concebido para viajar deprisa y durante mucho tiempo.

Volver al Emira después del Eletre cambia por completo el tono de la experiencia. Aquí todo está mucho más concentrado alrededor del conductor. El 420 Sport incorpora una suspensión rebajada 5 mm, nuevas salidas de refrigeración sobre los pasos de rueda delanteros y cambios aerodinámicos que incrementan la carga en 25 kg.

El motor sigue siendo el cuatro cilindros turboalimentado de origen AMG, ahora con 422 CV, unido a una caja de doble embrague de ocho velocidades.

Las levas son más largas y su accionamiento tiene una respuesta más positiva, pero la parte verdaderamente interesante está en el paquete Lightweight Handling, que reduce peso en distintos puntos mediante una cubierta de motor de fibra de carbono con lamas, llantas forjadas, batería de iones de litio, escape de titanio y amortiguadores Multimatic ajustables en dos vías.

El paquete cuesta alrededor de 15.000 euros al cambio actual, y todo parece dirigido hacia una misma idea: hacer que el coche responda de manera todavía más directa cuando la carretera empieza a exigirlo.

El Emira tiene una presencia mucho más compacta y cercana. Te sientas bajo, con el coche alrededor, y desde el primer momento percibes que aquí la prioridad no es aislarte del exterior, sino permitir que entiendas lo que está ocurriendo.

El motor de cuatro cilindros responde con más intensidad cuando suben las revoluciones y la caja de doble embrague invita a utilizar las levas en lugar de dejar que todo suceda automáticamente.

No es simplemente una cuestión de cambiar de marcha: el pequeño “clac” de cada accionamiento, la respuesta del motor y la manera en la que el coche se prepara para la siguiente curva forman parte de una misma secuencia. En una carretera adecuada, el 420 Sport empieza a sentirse como una herramienta muy precisa que recompensa cada orden clara del conductor.

Y es precisamente entonces cuando el Emira empieza a mostrar todo su carácter. Tras unos cuantos kilómetros descubres que se beneficia de un estilo de conducción más decidido. Aumenta el ritmo y todo empieza a sentirse más en armonía.

El control de la carrocería es lo primero que llama la atención. En una carretera con una cresta especialmente exigente en mitad de una curva, el Emira sube y baja sobre ella como agua pasando sobre una piedra.

No pierde la trayectoria ni se descompone; todo ocurre en un único movimiento limpio y controlado. Esa capacidad para absorber el cambio de rasante sin romper la línea elegida transmite muchísima confianza y deja claro hasta qué punto la suspensión está pensada para trabajar cuando empiezas a exigir de verdad al coche.

Buscando la zona roja

El motor también empieza a sonar y funcionar mejor cuando se mantiene por encima de las 3.500 rpm, y al seleccionar el modo manual de la caja de doble embrague la experiencia se vuelve mucho más directa.

Las levas resultan satisfactorias de usar, con un accionamiento positivo y un pequeño “clac” cada vez que tiras de una. El nivel de agarre proporcionado por los Michelin Pilot Sport Cup 2 es extraordinario y los amortiguadores hacen un trabajo soberbio controlando cualquier transferencia de peso.

Puedes entrar en una curva con decisión, apoyar el tren delantero, dejar que el coche cargue la suspensión y volver al acelerador sintiendo cómo la parte trasera se asienta mientras los neumáticos delanteros continúan siguiendo exactamente la línea que has pedido.

No hace falta esperar a que el coche termine un movimiento para solicitar el siguiente: todo sucede con rapidez y continuidad.

Ahí vuelve a aparecer esa sensación de ligereza que Lotus ha perseguido durante décadas. No significa únicamente pesar poco, sino conseguir que el coche responda como si hubiera poca masa entre tus manos y la carretera.

El Emira 420 Sport pesa 1.496 kg, pero lo importante al volante es la forma en la que administra ese peso. La carrocería se mueve lo justo, los cambios de apoyo son nítidos y el tren delantero transmite una enorme confianza.

Cuanto más enlazadas son las curvas, más evidente se vuelve el trabajo realizado en el chasis. La carretera deja de parecer una sucesión de obstáculos independientes y empieza a sentirse como una sola secuencia en la que el Emira puede fluir de un vértice al siguiente.

A lo largo de un tramo de unos 19 kilómetros aparecen varios de esos Momentos Lotus. Cada curva va reforzando la sensación de que el Emira 420 Sport tiene algo especial, no únicamente por la velocidad que puede alcanzar, sino por la forma en la que transmite lo que sucede bajo sus ruedas.

La dirección, el agarre delantero, el control de la carrocería y la respuesta del motor empiezan a trabajar como una sola cosa. Es un coche que recompensa la implicación del conductor y que, cuando todo encaja, ofrece una experiencia muy difícil de confundir con la de cualquier otro deportivo.

Ahí es donde el Emira conecta de manera más directa con la tradición de Lotus: no a través de una cifra concreta, sino mediante la sensación de estar utilizando el coche y la carretera al mismo tiempo.

Lo interesante es que esa intensidad no procede de una potencia desmesurada. Con 422 CV, el Emira tiene exactamente el tipo de prestaciones que permiten utilizar el motor con frecuencia, recorrer la caja de cambios y mantener al conductor involucrado.

Frente a los 952 CV del Eletre, podría parecer una cifra contenida, pero sobre una carretera estrecha y sinuosa adquiere todo el sentido. Hay suficiente potencia para acelerar con enorme contundencia, pero también margen para disfrutar de la manera en la que el chasis la transforma en velocidad.

En lugar de dominar la experiencia, el motor trabaja junto a la dirección, los frenos, los neumáticos y la suspensión. Ese equilibrio es una parte esencial del atractivo del coche.

Cada aceleración es un acontecimiento

El Eletre responde a una filosofía completamente diferente. Sus 952 CV y 936 Nm convierten cada aceleración en un acontecimiento, pero al mismo tiempo puede desplazarse silenciosamente utilizando únicamente su batería durante cientos de kilómetros.

La arquitectura de 900 voltios, la carga rápida y la combinación entre electricidad y gasolina permiten que el mismo coche que acelera de 0 a 100 km/h en 3,3 segundos pueda plantearse viajes cercanos a 1.200 kilómetros con una enorme facilidad.

En ese sentido, el Eletre no intenta reproducir el Emira a otra escala. Utiliza otras herramientas para ofrecer una interpretación distinta de las prestaciones: potencia instantánea, estabilidad, autonomía y una sofisticación técnica que está presente en cada movimiento.

Conducidos uno detrás de otro, la diferencia de carácter es fascinante. En el Eletre, el conductor está rodeado de tecnología y dispone de una reserva de potencia inmensa.

Todo ocurre con una facilidad enorme: basta con presionar el acelerador para que el coche responda inmediatamente y con una contundencia que parece incompatible con sus dimensiones.

En el Emira, el placer está más relacionado con construir el ritmo. Frenar, reducir, colocar el coche, sentir el apoyo y volver al acelerador.

Son experiencias distintas, pero ambas consiguen que el conductor participe. El Eletre impresiona por lo mucho que puede hacer; el Emira por la claridad con la que te permite sentir cómo lo hace.

El contraste también permite apreciar mejor lo que Lotus entiende por comportamiento dinámico. En el Eletre hay una enorme cantidad de hardware trabajando para mantener bajo control la masa y la potencia: suspensión neumática, amortiguadores de doble válvula, gestión activa del par y sistema antibalanceo de 48 voltios.

En el Emira, la receta es más sencilla y directa, apoyada en la geometría del chasis, los amortiguadores Multimatic, unos neumáticos muy capaces y una puesta a punto pensada para transmitir confianza.

En ambos casos, sin embargo, la prioridad termina siendo la misma: conseguir que el coche permanezca preciso cuando la carretera deja de ser recta.

Dos filosofías muy distintas

El Eletre X y el Emira 420 Sport representan, por tanto, dos formas muy diferentes de interpretar la misma marca.

El Eletre demuestra lo que puede hacer Lotus cuando aplica su conocimiento del chasis a un SUV de enorme potencia, cargado de tecnología y pensado para recorrer grandes distancias con una facilidad extraordinaria.

El Emira toma el camino opuesto: concentra la experiencia, acerca al conductor a la carretera y convierte una sucesión de curvas en el centro de todo.

En uno, la tecnología trabaja constantemente para administrar unas prestaciones descomunales; en el otro, cada reacción parece llegar al conductor de una forma más inmediata.

Pero ambos comparten algo reconocible: la importancia que Lotus sigue concediendo a la manera en la que un coche se mueve, cambia de apoyo y responde a quien lo conduce.

Uno mira claramente hacia el futuro y el otro mantiene viva la esencia más conocida de la marca, y conducirlos juntos permite entender mejor hasta qué punto esas dos ideas pueden convivir.

Prueba 400 km. Bienvenidos al mundo real.

Salida: Una forma de alegrar una gasolinera gris. Ambos coches despiertan interés, pero es el Emira el que provoca más preguntas.
30 km: El Eletre parece un eléctrico, y más en autopista, pero sigue necesitando combustible. Con nosotros registró una media de 10,1 l/100 km.
55 km: El maletero del Eletre tiene 688 litros. Unos botones en el propio maletero permiten bajar la suspensión para facilitar la carga.
90 km: No consigo acostumbrarme a los retrovisores digitales. No obstante, esto nos ahorrará turbulencias y ruidos del aire.
130 km: No faltan guiños a Lotus en el Eletre, aunque no todos son tan sutiles como este emblema retro ACBC (homenaje a Colin Chapman).
150 km: Como el típico pub británico, Lotus ha estado bajo amenaza últimamente. Pero tranquilos, hay un plan de recuperación en marcha.
180 km: El Emira tiene un botón físico de arranque y parada (en la imagen), a diferencia del Eletre. Comodidades de un buen deportivo inglés.
205 km: Hay rejillas para el paso de ganado en esta zona norteña. Ambos modelos tienen buena puesta a punto para las carreteras rotas y bacheadas.
255 km: Nos gusta mucho el gráfico del aire acondicionado del Emira, con un piloto de carreras y casco incluido. Buen sentido del humor.
295 km: Desactivar las ADAS obliga a rebuscar entre varios submenús, y el botón para apagarlos es diminuto. Mejor hacerlo antes de arrancar.
360 km: El techo del Emira es desmontable. Es muy fácil de retirar y se guarda perfectamente detrás de los asientos delanteros.
400 km: El viaje termina. La forma del Emira evita los enormes estribos laterales del Elise o del Exige. Salir del coche resulta más fácil.