Carlos Sainz: «la clave es saber integrarlos»

Carlos Sainz: «la clave es saber integrarlos»

Max Verstappen dice que «no parece un Fórmula 1». Lewis Hamilton protesta. Pero Carlos Sainz ha hecho lo que mejor sabe hacer: encerrarse con sus ingenieros y encontrar la fórmula para que el Williams FW48 vuele.

El reglamento de 2026 ha caído como una bomba en el paddock. Las quejas sobre la gestión de energía y la conducción antinatural se han multiplicado, con figuras como Max Verstappen asegurando que la sensación al volante ha dejado de ser la de un Fórmula 1. Sin embargo, en medio del ruido, hay un piloto que ha optado por el silencio y el análisis: Carlos Sainz.

El madrileño no solo discrepa de los críticos, sino que ha desvelado la clave técnica para domar estas nuevas bestias. Mientras Williams activa un «plan de urgencia» para corregir los defectos de nacimiento de su coche, Sainz ya ha puesto su parte: una nueva forma de conducir.

El secreto del «Círculo Cerrado»

Para Sainz, el error de sus rivales está en ver el coche como partes separadas. La clave del éxito en 2026 reside en la integración total. Según explica el español, la unidad de potencia, la caja de cambios y el piloto deben funcionar como un «círculo cerrado».

¿Qué significa esto en la pista? Olviden la conducción clásica. Sainz ha revelado que ahora debe «forzar en las curvas con el cambio y el acelerador». Esta técnica, contraintuitiva para muchos, tiene un objetivo vital: maximizar la recarga del circuito eléctrico en los virajes para tener potencia disponible después.

Las expectativas con el Williams de Carlos Sainz no son muy halagüeñas Williams

Mientras otros lamentan tener que ahorrar energía en las rectas, Sainz ha entendido que adaptarse a lo que el coche pide —como reducir marchas de una forma específica— es la única vía para ser competitivo. «Los coches se sienten muy diferentes», admite, pero su mentalidad es que todo se volverá «natural» con el tiempo.

El paciente enfermo: un Williams con sobrepeso

La mente de Sainz está lista, pero ¿lo está el coche? La realidad en Williams es dura. El equipo ha completado 415 vueltas en los test de Bahréin , las suficientes para confirmar un diagnóstico preocupante: el FW48 es un coche «mula», remozado a toda prisa, que ha nacido con entre 20 y 25 kilos de sobrepeso y una falta evidente de carga aerodinámica.

Ante esto, en Grove no han pulsado el botón del pánico, sino el de la urgencia. La estrategia es clara:

  1. Resistir: Insertarse en la zona media y rascar puntos en las primeras carreras (Melbourne, etc.).
  2. Evolucionar: Esperar al desembarco de la F1 en el Golfo Pérsico (abril), donde llegará un paquete de evoluciones aerodinámicas para poner el coche a dieta y pegarlo al suelo.

La esperanza tiene nombre: Mercedes

No todo son malas noticias. Si el chasis tiene sobrepeso, el corazón es de atleta olímpico. El motor Mercedes se ha destapado como un «tiro». Incluso rodando «capado» de potencia durante los test para no enseñar sus cartas, la unidad de potencia de Brixworth y su caja de cambios han demostrado ser una garantía de rendimiento y fiabilidad.

Si Mercedes tiene tanto guardado como se rumorea, Sainz y Albon tendrán un arma poderosa para defenderse mientras llegan las mejoras de chasis.

El «Efecto matador»

Lo que está ocurriendo en Williams es un calco de lo que Sainz hizo en McLaren y Ferrari. Mientras otros pilotos se irían al hotel, Carlos se queda hasta las 11 de la noche buscando soluciones con los ingenieros. Su feedback es tan preciso que el equipo ya está diseñando el coche alrededor de sus indicaciones.

Carlos Sainz vuelve a encerrarse con sus ingenieros como ya hizo con Ferrari Ferrari

Williams empieza el año con deberes, sí. Pero tienen algo que vale más que la carga aerodinámica: un piloto que, en lugar de quejarse del reglamento, ha aprendido a usarlo a su favor. Como él mismo sentencia: «No hay tiempo que perder».