Tres generaciones del 911 es mucho tiempo. ¿Dónde estabas tú cuando se vendía el 996? August Achleitner (1955) ha sido el responsable de la gama 911 desde 2001, y en 2004 lanzaron el 997. Es un hombre menudo, extremadamente perseverante y que no escatima sonrisas.

“La brillantez del 911 siempre me ha fascinado, su forma y su concepto único. Siempre me ha impulsado el objetivo de preservar esos aspectos y al mismo tiempo mejorarlo todo, y ese enfoque ha sido un desafío para mí una y otra vez”. Él es el que mejor sabe dónde están y dónde quieren llegar, y sabe también que el factor decisivo está en unas sensaciones de conducción que no ofrece ningún otro deportivo.

August Achleitner

Nuestro protagonista, ingeniero mecánico, es hijo de un directivo de BMW que siempre llevaba a casa nuevos modelos de su marca y también de sus competidores. August comenzó a trabajar en Porsche en 1983, en el área de desarrollo de chasis, y recuerda cómo entonces el 911 era el modelo menos avanzado de la gama (el resto era los 924, 944 y 928). Luego dirigió el departamento de planificación técnica de producto y prototipos, y el departamento de Package desde 1989 a 2000.

Hay que tener en cuenta que en esa época Porsche solo fabricaba deportivos, de modo que, aunque es el jefe del 911 desde 2001, antes trabajó también en los 911 tipo G Series, 964 y 993, y destaca el gran avance que supuso este último. Desde 2016 fue también responsable de los modelos 718, algo lógico teniendo en cuenta lo necesario que es mantener la diferenciación entre el modelo con motor trasero y el de motor central.

En Porsche es habitual que haya una especie de organización dentro de la marca dedicada a cada modelo. Ellos determinan y coordinan no solo la filosofía y el desarrollo del producto, sino que también trabajan en contacto con otras áreas de la empresa como ventas y marketing.

En efecto, el trabajo de Achleitner ha sido muy complejo. Hay que ser paciente y perseverante para crear un coche del que todo el mundo espera algo cercano a la perfección. “Cuando ejecutamos las pruebas en el vehículo en general, hacemos muchos ajustes. Podría subcontratar esta comprobación de las funciones del coche, pero entonces faltaría la pasión. La armonía general, la pulsión de seguir trabajando hasta el último detalle solo una vez más, eso es lo que cuenta. Luego, cuando se termina el automóvil, queda claro que es un producto completamente redondo”.

A la izquierda, Tomás Villén, presidente de Porsche Ibérica, junto a nuestro protagonista

Un equilibrio muy calculado

Por tanto, la búsqueda de la excelencia que siempre se espera de un Porsche es el resultado de un equilibrio muy calculado. Y añade: “Es algo así como un tira y afloja: por un lado tienes una solución técnicamente atractiva, porque especialmente el 911 debe demostrar sus cualidades en un entorno competitivo. Por otro lado está el hecho de que como fabricante debemos ser rentables. Es fácil decidir poner todo tipo de tecnologías en un automóvil, podría incluso enumerar los requisitos un domingo por la tarde. Pero cuando ves lo que cuesta y lo que tendrían que pagar los clientes, todo se ve diferente. En particular, las regulaciones sobre emisiones generan avances en ingeniería, pero también altos costes adicionales. Por eso debemos pensar estratégicamente. Sabes cuándo saldrá el próximo coche y también cuándo llegará el siguiente. Sabes lo que tienes que hacer para que el próximo 911 sea más atractivo y que brinde algo realmente nuevo a los clientes. Pero no tienes que agotar todos tus recursos a la vez. Cuando se trata de nuevas ideas, siempre hay otra a la vuelta de la esquina”.

Respecto a cada nueva generación, sabe que la responsabilidad es muy grande, ya que muchos juzgarán su trabajo: “Pasamos unos cuatro años trabajando digamos en secreto, confidencialmente. Y luego lo expones al público de un solo golpe”. Reconoce que en esos momentos siente una enorme tensión, porque “algunas decisiones las tomamos con el estómago, de una forma emocional”. Luego, cuando el coche gusta a los clientes y a la prensa especializada, siente un gran alivio.

Ahora, a sus 63 años, Mr. Achleitner podrá dedicar más tiempo a su familia y a sus aficiones, como montar en moto y mountain bike y esquiar. Siempre se ha llevado muy bien con el gran Walter Röhrl, su ídolo cuando era un chaval, y dice que a los dos les gusta acostarse pronto para salir a montar al día siguiente.

El puesto de Achleitner lo ocupará a partir de ahora Frank Walliser (Stuttgart, 49 años), un tipo cercano y simpático al que conocemos desde que dirigió el proyecto del 918 Spyder. En 2014 este brillante ingeniero pasó a dirigir Porsche Motorsport con gran éxito, como demuestran las victorias en Le Mans y el WEC, y también ha sido responsable del desarrollo de los modelos GT del 911. Que los incondicionales del nueveonce respiren tranquilos. Aunque Achleitner se haya marchado, el grial está en buenas manos. 

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