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Si el Aston Vulcan lleva un manual de instrucciones, no creo que el piloto Darren Turner se lo haya leído. El coche al que me subo de copiloto tiene solo dos días de vida, ya que se acabó justo para poder rodar y ser mostrado al mundo en el Festival de la Velocidad de Goodwood. Es el primer prototipo, pero aún así ya está vendido a un coleccionista suizo que también compró el prototipo del One-77 y que anda por aquí, vigilando qué hacemos con su coche…

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En cuanto los marshals se lo indican, el piloto de Le Mans da gas a fondo y exprime el motor atmosférico más potente que Aston ha fabricado. Llega hasta las 7.400 rpm con un sonido que casi duele, y se siente rapidísimo, tanto quizá como un Bugatti Veyron, tanto como para preocuparte por si tu cuerpo lo aguantará. Solo se fabricarán 24 unidades y solo se podrá usar en circuito, aunque ya hay quien ha pedido el suyo para ser usado en la calle. Esto ocurrirá en esos países calurosos donde el dueño del coche es también el dueño de la carretera. Le preguntamos a Turner si este coche para gentleman drivers está a medio entre los coches de calle y los GTE que corren en Le Mans. “Honestamente no, está más allá del coche de carreras. Tiene mucha más potencia, pesa unos 50 kilos más y dispone de una aerodinámica que no permiten las regulaciones de competición. Eso y los grandes neumáticos hacen que, incluso alguien acostumbrado a conducir supercoches en circuito, encontrará las prestaciones del Aston Martin Vulcan muy sorprendentes”. Este biplaza emplea un bastidor de fibra de carbono derivado del que usaba el One-77. El motor es un 7 litros V12 que rinde “más de 800 CV” y el cambio, secuencial de 6 marchas. Su precio: 1,8 millones de libras, 2,5 millones de euros.

Darren Turner será el encargado de poner a punto los coches y de instruir a los compradores. Reconoce que lo ha conducido poco, y de momento está claro que es capaz de hacer patinar las ruedas traseras incluso en tercera. El piloto dice que es muy preciso en los giros y completamente estable en las frenadas. Comparte con otros grandes pilotos profesionales esa apariencia de no estar haciendo apenas nada para controlarlo. Permanece casi inmóvil, y su control de tracción mental da cientos de instrucciones por segundo a sus manos y sus pies que, mantienen el coche exactamente por donde debe ir. Desde el puesto del copiloto el Aston Martin Vulcan se siente extremadamente rápido pero extrañamente refinado para un coche que lleva el escape a un lado y suspensión de carreras tipo push-rod.

Los Aston que conduce Turner en los circuitos maltratan la espalda de los pilotos, pero los dueños del Aston Martin Vulcan querrán conducirlo, aparcarlo en el pitlane, darse una ducha y salir a cenar y tomar una copa. “No se trata de buscar el último segundo en cuanto a rendimiento, debe ser conducible y dar a sus dueños la suficiente confianza como para darle caña y disfrutar”. Estamos ante el último Aston con motor atmosférico y una pieza de colección. Ya han pedido su Vulcan 10 clientes, y uno de ellos se lo ha pensado mejor y ha decidido encargar dos.

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