Ha perdido el mando de la Formula 1 tras décadas de control absoluto. Dicen de Bernie Ecclestone que de niño pagaba a matones para que le protegieran, que no tiene piedad con sus enemigos, que es un dictador y hasta que financió el robo del tren de Glasgow…

Acaba de anunciarse el relevo de Bernie Ecclestone (Suffolk, 1930) como director ejecutivo de la Formula 1, y el nuevo jefe será el estadounidense Chase Carey. La razón está en que Liberty Media pagó el año pasado 3.900 millones de euros para tomar el control de la F1. Le han ofrecido a Ecclestone el cargo de presidente de honor, pero aún no sabe lo que hará.

Lo normal sería que con 86 años ya se hubiera retirado, pero él quería seguir al mando. Es normal teniendo el cuenta su personalidad y su trayectoria. Hijo de un pescador y una madre joven, cuando el niño tenía dos años descubrió que era prácticamente ciego del ojo derecho. Era tan espabilado que revendía bollos en el colegio, y pagaba a los chicos más grandes para que le protegieran. “Los bajos tenemos que luchar para sobrevivir”.

Ya de adolescente se inició en el motociclismo en Brands Hatch, las motos le obsesionaban y comenzó a comerciar con ellas. A veces también negociaba con coches y seguía compitiendo. En 1951 intentó correr en la F1 con un Cooper. Era rápido pero terminó en el hospital tras un accidente: “decidí que no quería arriesgarme a pasar el resto de mi vida tirado en una cama mirando al techo, así que decidí concentrarme en mis negocios”.

La conexión de Bernie con la F1 comenzó en 1957, cuando su amigo Stuart Lewis-Evans empezó a competir y él se ofreció a ser su manager. La muerte de Stuart en 1958 fue devastadora para Bernie, que volvió a concentrarse en la compra-venta. La tentación para volver llegó en 1965 de la mano de su amigo Jochen Rindt, que se mató en 1970. Tras esa nueva tragedia Ecclestone decidió que no volvería a tener una relación cercana con ningún piloto. Pero siguió en la F1 al comprar el equipo Brabham, su llave para entrar en la FOCA (Formula One Constructors Association).

Durante su segunda reunión con la FOCA se produjo un hecho que marcaría su vida; sugirió que en lugar de tener negociaciones separadas con cada uno de los organizadores de los Grandes Premios, un representante de la FOCA debería negociar y centralizar las tarifas de forma combinada. A los colegas les pareció una buena idea. “Bien, ¿por qué no uno de nosotros?, dijo el inglés. Nadie estaba interesado, así que simplemente exclamó: “Vale, yo lo haré”. Veinticinco años después tenía la Fórmula 1 bajo su control, y vió antes que nadie fue que el verdadero valor de la F1 estaba en los derechos de televisión.

Se lleva muy bien con Briatore, pero le advirtieron sobre lo negativo que podía ser relacionarse con alguien condenado por fraude. “Si no pudiera juntarme con tipos que hacen trampas, no podría hablar con nadie”. A pesar de su cinismo cumple siempre con su palabra, y reconoce que es muy buen amigo y muy mal enemigo: “Mi reputación es más importante para mi que el dinero. Me gustaría ser recordado como el tío del apretón de mano, que lo firmaba todo simplemente dando la mano”.

Nunca ha leído un libro y se ve como un dictador benigno que se casó con Slavica Malic, una modelo 28 años menor. En los últimos años de matrimonio Slavica maltrataba a Bernie en público. Cuando saltó en escándalo de Max Mosley (presidente de la FIA) y sus fiestas sadomasoquistas con mujeres nazis, Bernie demostró que tiene sentido el humor: “hay gente que paga por eso, yo lo tengo gratis”. Se divorció de su mujer en 2009 y le dio 670 millones de euros. Se casó en 2012 con Fabiana Flosi, de 40 años. Cuando le preguntaron como le iba después de su divorcio, declaró: “muy bien. Si ahora me levanto por la mañana y está lloviendo, nadie me echa la culpa”.

 

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