Es difícil imaginar una experiencia de conducción más radical que estar atado a un asiento por unos arneses, sin carrocería alrededor, solo protegido por un esqueleto de aluminio, con 235 CV detrás y dando saltos en el barro. Esta excentricidad es el Ariel Nomad.

Este modelo responde a un sueño que tenemos muchos aficionados a los que nos gustan los todoterrenos y los coches de carreras y para probarlo nos fuimos a una mina de carbón abandonada en Gales reconvertida a campo de pruebas de modelos todoterreno y coches de rallies. Antes de llenarnos de barro, merece la pena echar un vistazo a los entresijos del Ariel Nomad, lo que en este caso es sencillo si consideramos que no tiene carrocería. El motor es un 4 cilindros colocado en posición central. La espina dorsal es un chasis de tubos de aluminio que incorpora un arco de seguridad con aberturas en los flancos para permitir acceder al vehículo. Más que lo que tiene, llama la atención cuántos elementos están ausentes, como la carrocería, las puertas, los cristales laterales e incluso el parabrisas, que es opcional, lo mismo que una lona que se puede colocar alrededor del chasis para aislar mínimamente el interior.

Incluso con el volante desmontado, es difícil acceder al puesto de conducción. Hay que meter los pies primero aunque se manche el asiento, algo que, considerando como acabo todo lleno de barro, es irrelevante. El interior es muy minimalista –y me quedo corto con la expresión–, solo con una pequeña pantalla LCD y una serie de interruptores sin señalizar sus funciones. Se añaden una palanca de cambios y un enorme freno de mano hidráulico, ideal para ayudar a la trasera a que redondee las curvas.

El motor de origen Honda VTEC es de 2.4 litros lo que permite contar con más par y mueve los 670 kg con muchísima energía, acelerando de 0 a 100 km/h en poco más de 3,4 segundos.

El Ariel Nomad también es muy competente sobre asfalto, por supuesto no tanto como su hermano, el Atom, pero hay muy pocos coches que le puedan hacer sombra. No solo en prestaciones, sino sobre todo en sensaciones, ya que este coche es muy excitante. El ruido de admisión del motor es feroz, el viento entra por todos los lados, la conducción es muy directa, con el añadido de unas ruedas de campo que no agarran mucho en asfalto y permiten unas cruzadas considerables. No es un coche cómodo o, para ser más exactos, es ridículamente incómodo, pero eso es algo que salta a la vista nada más verlo.

Con todo, ¿para qué vale el Nomad? por lo que no es barato. Hay que considerarlo como un juguete para adultos, como una moto de enduro para salidas por el campo y carreteras de montaña y, usado así, para descargar adrenalina –tanto en conducción por el campo como por carreteras de montaña– creo que no hay nada que lo supere.

El precio en Reino Unido de la versión base es el equivalente a 45.000 euros (70.000 euros en la versión probada con los extras).

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