Albert Obrist, el especialista de Ferrari - Revista Car
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Albert Obrist, el especialista de Ferrari

RevistaCAR 17 de agosto, 2020 | Tiempo de lectura 5-6 min

En la pequeña localidad de Feutersoey, a unos 6 kilómetros de
Gstaad, rodeada de los Alpes suizos, lejos del mundanal ruido y de la mirada de los curiosos, existía una de las mejores colecciones de Ferrari del mundo. Albert Obrist es un industrial suizo corpulento, con aspecto de campesino que hizo fortuna con la invención de unos ingeniosos tapones para bebidas que durante tres décadas le aportaron ganancias calculadas en varios centenares de millones de francos suizos. Si esta afición pudiera parecer suficiente para cualquiera de los mortales y sus fortunas, Albert tenía otra afición en la que gastaba parte de su patrimonio sin reparar en gastos: la restauración de barcos de vela.

Albert Obrist

La pasión de Albert Obrist por Ferrari comenzó cuando estuvo de espectador en el gran Premio de Suiza de 1951. Después de una breve carrera como piloto, en 1962 compró su primer Ferrari en Maranello, un 250 GT 2+2, con Enzo Ferrari de testigo. Tuvo que esperar hasta 1970 para conseguir el siguiente, un GTB4 y posteriormente siguió con varios monoplazas. Albert estuvo absolutamente obsesionado por la adquisición y conservación de los míticos ejemplares de Ferrari, en cuyo palmarés aparecen victorias en las mejores pruebas del automovilismo como las Mille Miglia, las 24 horas de Le Mans y los más significativos grandes premios de fórmula 1.

Albert Obrist

Para que se hagan una idea de la obsesión por la perfección y la autenticidad que guiaron la pasión de Obrist, hay algunos ejemplos de situaciones insólitas. Pese a que llegó a tener un Ferrari 315 MM, en 1991 lo vendió en un momento en que los coches de colección estaban a la baja, para comprar el Ferrari 315 MM con el que Piero Tarufi se había adjudicado la Mille Miglia de 1957. Por esta unidad llegó a pagar un precio exorbitante. Lo mismo ocurrió con una unidad de 250 GTO. Tenía el #3869 de 1962, que vendió para conseguir  el  #5571 de 1964 por tener mejor palmarés.

Albert Obrist

Sin embargo, a Obrist no le agradaba que se le considerara un coleccionista, como lo que hoy entendemos como tal: de esos coches que permanecen largo tiempo en garajes esperando la ocasión de ser vendidos para obtener el mayor beneficios si apenas hacer kilómetros. Albert usaba sus coches en diversos eventos y tenía como objetivo exponer sus vehículos al público y que fueran disfrutados por las próximas generaciones tal y como eran en el momento de salir a pista antes del día de la victoria. Gracias a este virtuosismo romántico, sus coches se encontraban en el más perfecto estado mecánico, mantenidos por los mejores especialistas de la época y conservados lejos de la contaminación, en una antigua granja en plenos Alpes suizos. Si la valoración de cada ejemplar por separado se podría llegar a estimar, en conjunto era casi imposible, ya que el valor de todos juntos se escapaba a cualquier calculo honesto. Y no digamos lo que podría haber alcanzado en los años de máxima especulación.

Más de 60 ejemplares en la colección de Albert Obrist

La colección de coches de Albert Obrist estaba considerada como una de las más importantes del mundo dedicada a Ferrari junto con la de Pierre Bardinon. Estaba formada por 28 coches oficiales de la escudería de Maranello y 34 que pertenecieron a pilotos privados. Entre los monoplazas de la Scuderia, el Ferrari 500 o el 375 igual al de Froilán Gonzalez –pilotado por Alonso en la previa del Gran Premio de Inglaterra de 2011–. También tenía el 625, el 555, el 246, el 156, el 312 B2 de Clay Regazzoni alineado junto al 312 B3 de Niki Lauda y el 312 T2 de Carlos Reutemann. Pero no todo termina ahí, también estaban los F1 turboalimentados de Tambay, Alboreto y Berger, para finalizar con el más reciente Ferrari F 92 A. Incluso, entre las joyas de Obrist, aparece un Alfa Romeo, el 8C-2300 con el que Tazio Nuvolari ganó la Mille Miglia de 1932.

Albert Obrist

Tras los F1, destacan el 166MM #0010MM, 250 Testarossa #0766, 250 GT SWB #2417, 330P #0820, 712 Can-Am #1010 y 312 PB #0880. Para rematar, también estaba el Ferrari 330 P4 con número de chasis #0856, el único enteramente original que existe –los otros dos se convirtieron a versión Can-Am a finales de los años sesenta–. Actualmente forma parte de la colección de Laurence Stroll, nuevo presidente ejecutivo de Aston Martin.
El imperio de Obrist estuvo saneado hasta poco tiempo después de que él decidió vender la patente de sus tapones de botellas, así como todo el sistema de fabricación de los mismos. Como suele pasar en la mayoría de estos casos, inversiones económicas poco acertadas, sumada a su otra afición en la que gastó grandes cantidades para la restauración de viejos barcos, para lo cual adquirió unos astilleros de Southampton, y otros desaciertos le llevaron a verse obligado a rentabilizar la colección y a vender alguno de sus barcos más queridos. Como curiosidad, en la pasada subasta de Artcurial en Rétromobile de París, se ofreció a la venta su velero Mariquita de 1911.

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En un última tentativa de poder mantener a salvo su colección, intentó convencer a Giovanni Agnelli de que le “alquilara” la colección de Ferrari para situarla en la última planta del circuito de Mugello, como algo único en el mundo. Pero todo fue inútil. Los agobios económicos le llevaron a depender de préstamos bancarios que, poco a poco, fueron minando la propiedad de su inigualable patrimonio. En este punto, para evitar el temido embargo, recurrió a la ayuda de Bernie Ecclestone. Pero, con el paso de los años, la situación fue insostenible y un grupo de bancos suizos embargaron toda la colección de Obrist por unos 12 millones de dólares, cantidad equivalente al valor que le ofrecieron en 1987 por su Ferrari P4. Al ver la situación tan penosa, que llevaba la disgregación de tan valiosa colección, Ecclestone aportó una garantía avalada por un banco para poder levantar el embargo de la colección y ponerla a salvo.

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Los coches estuvieron expuestos en el circuito de Spa durante el Gran Premio de F1 de 1992 y ese mismo año comenzó a ofrecer algunos de su coches de forma discreta para poder tener liquidez. Se especuló con que los coches estuvieron a nombre de una compañía con sede social en un paraíso fiscal británico, país en el que Albert Obrist fijó su residencia oficial. Los conocedores de esta dramática situación hablaban de que Obrist liquidaría varios de sus antiguos barcos a vela y los astilleros que compró en Southampton para tener solvencia y poder recuperar los coches una vez pagado el compromiso con Ecclestone. Ya en 1995,  Bernie le pidió que le devolviera el dinero más rápido de lo que Obrist esperaba. Así que en una rápida maniobra, el antiguo capo de la fórmula 1 se quedó con todos Ferrari de F1 de Albert para su propia colección y poco tiempo más tarde vendió parte de los otros autos a los hermanos McCaw en EE UU. Muchos siguen pensando a día de hoy que Ecclestone se aprovechó de las circunstancias y timó al bueno de Albert Obrist.

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