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Al principio es una experiencia extraña, incluso da algo de miedo. En teoría, uno podría sentarse en el asiento trasero y leer el periódico mientras un chófer invisible acelera, frena y gira el volante. Gobernado por cámaras, sensores con radar y un avanzado sistema de GPS, el coche se mueve entre el tráfico como si tuviera cerebro y ojos humanos. Patrocinado por Nokia, el sistema de navegación reconoce cada farola, árbol, cuneta, línea central, edificio, paso de cebra, semáforo y señal de tráfico de los 45 km de recorrido de pruebas que, no por casualidad, es una parte del trayecto original de Bertha Benz en 1888.

Intentamos encontrar los elementos extras del prototipo respecto a un clase S convencional y solo vemos una segunda antena de GPS y varias cámaras. Ocultados tras los paragolpes, pero igualmente importantes, se encuentran cuatro radares de proximidad y cuatro de largo alcance. Hay tres grados de conducción automática. Parcialmente autónoma –ya disponible con Distronic, aparcamiento automático, etcétera–, autónoma mejorada –el futuro próximo, pero con el conductor al mando en todo momento–, y plenamente autónoma –se introduce el destino y el vehículo se ocupa de todo, sin intervención del conductor, no antes de 2020.

Los problemas con los que se encuentra el equipo de desarrollo son muchos y muy complejos. En la amplia carretera de la zona de Würtemberg, nuestro conductor electrónico maneja el vehículo con la misma soltura que un humano. En cambio, en las calles estrechas, en las intersecciones, o en las vías con varios carriles, el coche duda más que un principiante. Los movimientos de la dirección son demasiado abruptos y titubeantes como si el vehículo no pudiera procesar tantos estímulos. Unas veces, las aceleraciones parecen demasiado optimistas, otras a destiempo y otras muy tardías. De vez en cuando, el coche frena sin razón aparente o circula incómodamente cerca del bordillo o los coches aparcados. El conductor puede establecer una velocidad máxima y puede coger el volante o pisar los frenos en cualquier momento. El coche también pedirá al conductor que se haga cargo cuando se encuentre con situaciones imprevistas como obras en la carretera o pasos de cebra que se hayan instalado recientemente.

Pero hay más vertientes en las que trabajar. El primero es la homologación, otro es la responsabilidad legal en caso de accidente, las normas de tráfico y los seguros. La conducción autónoma será presentada en la próxima generación del Mercedes clase S, en 2020, con un coste inferior a los 3.000 €.

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