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Quinto título para Lewis Hamilton y con Mercedes, la marca en la que Juan Manuel Fangio se sintió como en su casa, la firma que en la entrada del Museo de Stuttgart tiene una estatua de él en bronce con la Flecha de Plata W196. ¿Puede haber mejor homenaje y reconocimiento? ¿Tendrá Lewis algún día su estatua junto a la de Fangio?

Fangio
En la entrada del Museo de Mercedes, en Stuttgart, hay una estatua de Fangio con un Flecha de Plata W196, como el de la imagen. A Hamilton le estarán haciendo el molde…

La forma de aplicar su talento, su actitud ante la presión y sus grandes remontadas en carreras cruciales igualan o aproximan a ambos. Veremos por qué. Para tener un punto de partida, algunos números: Fangio, 51 GP disputados con 24 victorias. Hamilton, hasta el GP de México de 2018, 228 GP y 71 victorias. Necesitamos un porcentaje para comparar la eficiencia: la de Fangio fue del 47%, la de Lewis, hasta ahora, del 31%. J. M. F. logró 29 poles (56,8%) y 35 podios (68%); Hamilton hasta el momento, 81 poles (35%) y 132 podios (57%). Si Hamilton se ha convertido en un grande derrotando a casi todos sus compañeros de equipo, incluyendo a Nico Rosberg, que solo pudo ganarle el certamen de 2016, lo ha hecho prácticamente con un único constructor, Mercedes. Incluso su título con McLaren en 2008 lo ganó con motores Mercedes.

La parrilla de salida del GP de Francia de 1954: J. M. Fangio y K. Kling, con sendos Mercedes W 196 R, y Alberto Ascari con un Maserati 250 F. El argentino ganó la carrera.

Fangio, que también siempre fue superior a sus compañeros, ganó, con todo lo que corrió en F1: Alfa Romeo en 1951, Mercedes en 1954 y 1955, Lancia-Ferrari en 1956 y Maserati en 1957. Cualquiera que fuese la máquina que se le entregaba, él se adaptaba y la hacía volar… A Hamilton lo hemos visto evolucionar como persona y piloto. De joven, encandilado por sus millones, se lanzó a una frenética actividad social y pseudoartística fuera de las pistas, sobre todo en 2011 y 2012. Ahora, a sus 33 años, se ha transformado en un adulto mentalmente más fuerte y, sobre todo, más equilibrado. Tampoco ha renunciado a sus frecuentes salidas y candentes relaciones con modelos o cantantes de renombre. Lewis figura en la lista de relaciones de las modelos Barbara Palvin, Sofia Richie –hija del canta autor Lionel Richie–, Winni Harlow y de las cantantes Rihana y Rita Ora. Para eso es soltero y curvas no solo hay en los circuitos…

Enigmático, reservado, nada o muy poco se supo de las relaciones de Fangio fuera de las pistas, más allá del vínculo de más de veinte años que mantuvo con Andrea Beba Berruet y la breve relación con otra balcarceña, Catalina Basili. J. M. F. era totalmente convencional, conservador y sumamente discreto, un exmecánico devenido en próspero y prudente empresario. Su patrimonio actual, valorado en torno a 45 millones de dólares, pertenece desde junio pasado a sus dos hijos reconocidos por la justicia argentina, Oscar Cacho Fangio y Rubén Juan Fangio. Hasta el momento, aparentemente, ¡ejem…!, Lewis no tiene descendencia, pero la que pudiera haber contaría con un respaldo en torno a 230 millones de euros.

Psicología de campeones

Toto Wolff, que es para Hamilton lo que Alfred Neubauer era para Fangio, un jefe exigente pero benévolo y motivador, explicaba tras los festejos de México que Lewis fue el factor que hizo la diferencia en el duelo contra Ferrari este año. Tal como Fangio lo fue para todos los equipos que corrió, Alfa Romeo, Mercedes, Ferrari, Maserati.

Tras el Gran Premio de Singapur de 2018.

En 2018, Hamilton ganaba cuando se suponía que Mercedes no podía. Esto pasó en la Q3 del GP de Hungría. Los Ferrari eran imbatibles en seco pero la lluvia despertó al mago Hamilton que logró la pole. Eso le valió la victoria en seco aprovechando su posición de pista con un coche de menor rendimiento que el de los Ferrari. Y en Alemania, más aún. Un fallo mecánico el sábado hundió a Hamilton hasta la 14ª posición de salida, pero, bajo la lluvia del domingo, un ritmo demoledor alcanzando al líder y poleman Vettel hizo que este cometiera un error y se saliera de pista. Victoria milagrosa, inspiradora para el inglés. Mercedes no podía ganar, pero el actual campeón sí.

Como Fangio muchas veces, Hamilton entra en un estado de conciencia expandida y concentración total que lleva su sensibilidad y percepción sensomotriz a niveles que la gente tiende a llamar “inspiración” y los coachs deportivos “fluencia”. Decía Lewis en una entrevista en Austin: “Las mejores partes de esta temporada han sido cuando estábamos en desventaja. Cuando las circunstancias son muy difíciles, por ejemplo, cuando existe la incertidumbre sobre la lluvia. Yo considero que es una buena oportunidad para mí y no un problema. Veo el vaso medio lleno y no medio vacío. No sé… es cuando hay dificultades cuando sacó lo mejor de mí”. Esa es una característica muy notable en los grandes campeones, un don…

Fangio junto a Stirling Moss en el GP de Nürburgring de 1955.

Fangio, por su parte, con su voz de acento agudo y deje campero era un libro abierto de sentido común y ante las dificultades, razonaba de manera similar: “Los problemas hay que dividirlos en partes. Cuando algo le pasaba a mi coche o la carrera era muy fatigosa y faltaba mucho, mi objetivo no estaba puesto en el final sino en las vueltas siguientes. Y así sucesivamente… paso a paso”.

Fangio, el inspirado

Ese casi divino control del automóvil en el que ambos se igualan, Fangio lo mostró con su triunfo de 1957 en Nürburgring. Dicen que fue la demostración de manejo más impresionante de la historia por las casi fatales exigencias de las más de 170 curvas del trazado. Fangio bajó 10 veces el récord de vuelta y pulverizó en 8 segundos su tiempo de pole para ganar, descontando una desventaja de 48 segundos con el Ferrari líder de Mike Hawthorn, a quien pasó en la penúltima vuelta. Confesaba Fangio, años después, que tras esa carrera, disipada la adrenalina, pensó que nunca podría volver a “manejar” así, volver a aceptar los riesgos que ese día corrió. Hamilton es Fangio y Fangio se anticipó a Hamilton. Ambos comparten la máxima resistencia a la presión y una enorme capacidad para mantener la concentración.

Mercedes 300 SLR (W 196 S).

Stirling Moss, compañero de J. M. F. en Mercedes en 1955, siempre lo respetó y casi lo veneró por la forma en que Fangio lo había tratado. Stirling era un “imberbe” de 25 años cuando se relacionó con J. M. F. Y así recordaba Stirling a su compañero: “Lo que lo hacía tan grande era su capacidad de concentración y su capacidad para mantener el equilibrio del coche en toda circunstancia. Era un verdadero artista del volante. A mí me trató siempre con cariño y deferencia. Era el tipo de piloto que yo quería ser y, sobre todo, era un verdadero caballero”.

Es cierto lo que su amigo y rival el inglés Tony Brooks decía: “Su presencia y su mirada te dejaban con una sensación casi hipnótica de asombro”. Aún en su época de mayor fama Fangio tenía tiempo para una sonrisa, un saludo y algunas palabras para todos, tratando por igual a príncipes o humildes admiradores.

La naturaleza de las carreras, con fricciones y golpes más o menos frecuentes hace difícil que un piloto pueda ser considerado “un caballero.” El que es amable, pierde. Lewis sigue siendo, aunque con cuentagotas, una persona amable, considerada. Pero el cerrado sistema de la F1 ya lo ha transformado en alguien inaccesible para un contacto realmente personal. Fangio no solo era respetado, también era querido. Lewis ya tiene lo primero y está en camino de lo segundo.

Dos épocas, dos físicos

La foto de Fangio, ya sea con su pantalón celeste de ligera tela y su polo o camiseta de color oscuro con los que corría o de traje y corbata siempre fuera de la pista, contrasta con la imagen de Hamilton cuando se quita su mono de piloto. El inglés suele llevar blue jeans de diseño, a veces rasgados, y camisetas con dibujos raros, algunos psicodélicos, y omnipresentes cadenas y anillos… Fangio era un señor totalmente convencional, empresario con barriga y calva –dominando sobre sus cabellos rubios peinados hacia atrás–, que llegó a Europa con 39 años y se fue con 46. Su mirada era penetrante, como la de un águila al acecho. Lewis, informal, escapa todo lo posible de una chaqueta y una corbata. Su apariencia física no le impedía a Fangio soportar un Gran Premio de Alemania de 500 kilómetros, o ganar con más de 40 grados de temperatura ambiente en Buenos Aires, en 1955, cuando los demás pilotos paraban y eran reemplazados, agotados.

Fangio hizo toda la carrera en solitario y soportó estoicamente algunas quemaduras. Absoluta determinación y ambición de victoria. Como las de Lewis. Hamilton –como sus colegas de pista actuales– debe soportar en las curvas aceleraciones laterales de hasta 6 o 6,2 G, que exigen mucho a su cuello, torso y estómago. Fangio viraba con los neumáticos de aquella época a aceleraciones laterales de entre 0,9 y 1,2 G. Dos mundos diferentes. Uno le permitió a Fangio comenzar en F1 a la edad en la que Lewis muy probablemente se retirará.

Dos ópticas para la muerte

En 2015, Hamilton probó en Monza, junto a Stirling Moss, un W196 con el que había corrido su compatriota. Decía al bajarse: “Ha sido increíble. No sé como hacían para controlar algo con tan poco freno y tan impreciso. ¡Y la forma en que todo el cuerpo está expuesto! No sé si hubiese podido correr adecuadamente en aquella época. De mis charlas con Stirling me llama la atención la particular filosofía de aquellos pilotos respecto de la muerte”. Se refería, indudablemente, a esa resignación heroica de aceptar que cada salida a pista podía ser la última. Durante los años de Fangio en Europa, fallecieron 30 pilotos en las categorías que el oriundo de Balcarce disputaba.

Fangio con el “Blue Wonder” que transportaba el W196 R antes del GP de Alemania de 1955.

En la era Hamilton en la F1, hasta el momento, solo dos: María de Villota, en 2013, y Jules Bianchi, en 2015. En las 12 temporadas en la F1, Lewis ha estado involucrado en no menos de treinta choques y toques o contactos de distinta intensidad entre entrenamientos, pruebas de clasificación y carrera, y no menos de 34 trompos o salidas de pista. Lujo inimaginable para los gladiadores de los tiempos de Fangio. A Juan Manuel le sobrarían los dedos de una mano para contar los accidentes e impactos de sus años en la competición; los más graves en Perú, en 1948, cuando se desbarrancó en la montaña muriendo su acompañante, Daniel Urrutia, y el otro en Monza, en 1952, cuando sufrió serias lesiones cervicales.

Hamilton junto a David Coulthard en Goodwood hace unos años.

La hora de irse

Al terminar 1957 el Maserati 250F era un vehículo que estaba siendo superado por los nuevos Vanwall británicos y Ferrari preparaba su más eficaz 246. Y en el GP de Argentina de 1958 ganaba Stirling Moss con un Cooper de motor trasero y de muy reducidas dimensiones. Se abría una nueva época. Cuando llegó al GP de Francia de ese año en Reims y probó su coche, este no tenía adherencia, rebotaba sobre el pavimento. Pidió explicaciones y le dijeron que habían quitado sus amortiguadores de siempre, ya probados y eficaces, para reemplazarlos por una nueva marca que pagaba a los hermanos Maserati por utilizarlos. El domingo, en carrera se mataba Luigi Museo, su excompañero en Ferrari.

Enigmático, reservado, nada o muy poco se supo de las relaciones de Fangio fuera de las pistas, más allá del vínculo de más de veinte años que mantuvo con Andrea Beba Berruet, en la imagen inferior besando a Fangio ante la atenta mirada del español Alfonso de Portago.

Fangio ya venía rumiando su decisión. Después de terminar cuarto, al bajarse del coche le decía a sus allegados: “No corro más, me retiro”. Y cumplió, camino de los 47 años de edad. Hamilton ve todavía lejos su retiro y no piensa en ello estando en la cima de sus facultades. Pero sí tiene claro algo cuando llegue ese instante: “Estoy en un momento muy especial de mi vida. Tengo dinero y una plataforma en la que apoyarme para guiarme en el futuro. Y de algo estoy seguro: no voy a tirar mi dinero o sentarme en un sofá sin hacer nada, me mantendré en movimiento, haciendo cosas, aprendiendo. Es posible que no sea bueno en todo pero me aseguraré que en aquello que emprenda, de lo máximo de mí”. Tal cual, así como siempre hizo Fangio. 

Por: Orlando Ríos

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