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Renault Twingo, tres cilindros y un barco

Renault Twingo, tres cilindros y un barco


Se podría decir que nuestra canoa ha generado algunos estragos en la aerodinámica. Es un sentimiento raro, como si lleváramos en el techo la vela de un barco o, mejor dicho, un paracaídas. Tenemos la extraña sensación de que en cualquier momento vamos a salir volando, como una bolsa de plástico cuando le da una ráfaga de aire. La estabilidad también se vio un poco afectada, sobre todo cuando nos daba el viento lateral. Después de esta experiencia hemos entendido por qué en Renault no se añade como un extra para un Twingo una canoa canadiense de cinco metros. Pero resulta, que como opción, si que podemos ponerle barras en el techo.

Es cierto que el techo del Twingo es tan grande como una toalla de mano, y nosotros hemos buscado el objeto más exagerado que hemos encontrado para anclarlo ahí arriba. Pero que sea un coche pequeño en general, no significa que no podamos vivir grandes aventuras con él. Imagina la guantera llena de mapas de lugares exóticos, el techo con un baúl con todo lo necesario para hacer una acampada, como si fuéramos en un Land Rover antiguo de safari, y un pequeño tricilíndrico dispuesto a llevarnos al fin del mundo. Ir al Himalaya sería una aventura para ir todo el camino en primera y no nos atrae mucho, pero el desierto de Gobi sería una buena excursión. Pero tristemente, sin seis meses libres en mi agenda y con medio mundo sumergido en una terrorífica guerra, no podemos hacer un viaje alrededor del planeta ahora mismo. Pero es que he cogido el catálogo de opciones del Twingo y las barras me miran y me piden que las utilice para algo. Así que decido hacer lo que suelo hacer cuando la situación geopolítica del mundo me impide hacer las pruebas como yo quiero.Usar mi canoa.

Tengo este artefacto desde hace una década y suele ser mi atracción preferida del verano. Es una Old-Town Charles River de cinco metros hecha de un material llamado Royalex, que da la sensación de ir en una pelota de plástico. Es ligera y fuerte, se recupera de las abolladuras. Una vez Ford lo utilizó para hacer un prototipo en 1965, el Bordinat Cobra. Pero resultó ser un material demasiado caro para objetos tan grandes, así que se quedó para cosas como esta, como cascos de canoa. Aunque he oído que ha dejado de fabricarse, y es algo que me ha enfadado bastante. Volviendo al tema, las barras de aluminio del pequeño Twingo cuestan unos 179 euros, y son diferentes todas las barras que haya visto antes. Rodean todo el techo y van ancladas por dentro del marco de la puerta con la ayuda de pequeñas clavijas que se enganchan en sus correspondientes agujeros –agujeros que vas a encontrar en todos los Twingo si abres las puertas y te fijas–. Las barras llevan la carga en las almohadillas que las recubren. Las instrucciones dicen que pueden soportar hasta 60 kilos. Curiosamente, las barras rozan el interior de la puerta, por lo que hacen que el caucho de arriba se arrugue un poco con la puerta cerrada.

También me he fijado en que las barras le dan un toque diferente al pequeño Twingo. El recorrido por encima del techo hacen que el coche urbano parezca más pequeño, como un gracioso carrito de la compra amarillo pero con motor. Al principio no me convencía demasiado, pero vaya, le enganché la canoa en el techo y me pareció un binomio magnífico. El Twingo solo mide 3,6 metros de largo, casi un metro y medio más corto que su nuevo compañero de viaje de color rojo brillante.


He estado en varias aventuras y descensos de ríos muy largos con mi canoa desde que descubrí lo apasionante que es este deporte, pero este fin de semana ha tocado uno “cortito”, cerca de mi casa. Como decía antes, no tengo tiempo para dar la vuelta al mundo o atravesar desiertos con el Twingo. Así que con todo listo, me dirijo hacia allí y en seguida mi canoa en el techo de mi automóvil se hace con todo el protagonismo durante el viaje. Además, el sonido del viento atravesando mi carga del techo y la sensación de que en cualquier momento vamos a salir volando hacían que el viaje me pareciera cada vez más emocionante…

El aire y el poco peso del coche no ayudan demasiado a la estabilidad del conjunto, pero con ir con cuidado es suficiente. Llevo cada hueco del coche lleno de dulces, estoy conduciendo después de haberme preparado y comido un maravilloso desayuno y llevo 28 kilos extras en el techo en forma de barco alargado, más las barras, el picnic, y los tres que somos –porque no voy yo solo–, y creo que hemos cogido los 100 km/h en casi, casi 15 segundos. Que no está nada mal en realidad, dadas las circunstancias y mi maravillosa idea. Pero, ¿sabéis qué?, llegamos a nuestro río sin pasar miedo en los giros en U y pasamos un día fantástico. Con todo esto quiero decir que el Renault Twingo nos ha hecho sentir bien y pasar un día genial.

Si bien este coche fue concebido básicamente para la ciudad, para vivir en la monotonía de la urbe, de repente resulta que nos ofrece extras tan singulares como unas barras en el techo que, según se mire, le pueden quedar hasta bien, aumentando su funcionalidad y multiplicando su potencial de forma exponencial. Nos gustan este tipo de detalles, porque son los que le dan carácter a un coche. Amplían su atractivo y lo llenan de opciones que antes eran impensables. A nosotros se nos ocurrió la canoa. ¿Qué se te ocurriría a ti?


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