Prueba Subaru WRX STi 2018: una deportividad en peligro de extinción

Prueba Subaru WRX STi 2018: una deportividad en peligro de extinción

Hubo una época en la que la designación SUV no existía y teníamos otros segmentos que movían masas de entusiastas como el de las berlinas deportivas con cierta herencia del mundo del rallye. Y es que todos recordamos “el pique” o batalla que tenían, en especial, dos marcas japonesas en este terreno, el Mitsubishi Lancer Evolution y el Subaru Impreza. Rivales que desde las década de los 90 lucharon codo a codo por alzarse victoriosos en una lucha de dos bandos muy diferenciados; si te molaba el rollo “JDM”, tu corazón pertenecía a uno de los dos. Sin embargo, desde el cese de la producción del Evolution X en 2016, el Subaru WRX STi se ha quedado solo entre los de su clase, careciendo de un rival directo en el mercado. De hecho, la propia Subaru estuvo pensando en si traían o no la variante 2018 del WRX STi para España, aunque finalmente viene a nuestro país y ya hemos tenido la oportunidad de probarla.

Diseño Exterior

A priori, quizás te sorprendas porque estéticamente se parece a la variante 2015; sin embargo, si nos fijamos en la parte delantera si vemos cambios. El parachoques delantero gana más agresividad e incorpora unas tomas de aire más voluminosas junto con unas luces diurnas diferenciadas y unos faros LED con función adaptativa para las curvas. Las líneas frontales se acentúan y dan la sensación de que el morro se ha afilado más.

Si seguimos la silueta del WRX STi vemos que lleva nuevos zapatos, en concreto monta unas nuevas llantas ligeras de 19 pulgadas junto con unos neumáticos deportivos Yokohama. A su vez, monta unos nuevos frenos Brembo, esta vez perforados como novedad – no disponía de esta configuración la variante 2015-, con pinzas en amarillo con el logo Sti (lo que facilita la identificación de la variante 2018), siendo de 6 pistones en el eje delantero y de 2 en el trasero. Como nuestra unidad de pruebas era la variante Rallye Edition, en la parte trasera se alojaba el gran alerón que le daba ese toque deportivo que hacía girar cabezas haya por donde pasaras con él, lo que mejora el apoyo aerodinámico a altas velocidades. Destaca también el portón trasero por su difusor deportivo y por la cuádruple salida de escape, que le da una gran sonoridad.

Dentro, más confort y misma deportividad

En el interior vemos una atmósfera muy “racing” que presenta un pequeño lavado de cara; vemos una pantalla táctil más grande de 5,9 pulgadas- frente a la de 4,3 de la versión 2015- con el sistema de infoentretenimiento compatible con Android Auto y Apple CarPlay. Como novedad también encontramos los asientos Recaro con regulación eléctrica, así como la implementación de componentes que aumentan la seguridad del sedán delantero, en los que se incluye el alerta de ángulo muerto y luces automáticas.

La posición del conductor es ligeramente más elevada de los esperado, aunque mantiene una postura deportivo con una configuración dirigida para mejorar las sensaciones al volante. Los asientos son cómodos y a la vez ofrecen muy buen soporte lateral.

Debajo del capó reposa el corazón de la bestia, un motor bóxer de 4 cilindros de 300 CV y 407 Nm– el mismo que la versión anterior-, el cual transmite toda la potencia a las cuatro ruedas a través de la caja de cambios manual de seis velocidades y al sistema de tracción total permanente AWD Symmetrical, con un 0-100 km/h en solo 5,2 segundos y una velocidad punta de 255 km/h.

Sensaciones

Simplemente no se parece a ningún otro modelo del mercado. Es un coche que está pensado para aquellos “quemados” por los coches que han crecido viendo a estas leyendas crecer, modelos como el WRX STi te hacen conectar con un mundo que, por desgracia, cada vez es menos visitado. Este modelo está solo en el segmento, sin rival; por tanto, se presenta como la única opción dentro del mercado de los turismos deportivos. Estéticamente es brutal, sus líneas evocan una época pasada junto con una nueva corriente de diseño moderna; queda algo del alma “Impreza” junto con el sistema de tracción total simétrico- heredado directamente del mundo de la competición- que le sienta de maravilla.

El coche en general es duro, en todos los aspectos. La suspensión es bastante rígida y proporciona siempre un “feeling” con la carretera muy bueno, hay que destacar que los asientos Recaro no son tan duros como me esperaba, con una buena sujeción lateral pero sin llegar a agobiarte en exceso. A su vez tenemos una dirección muy directa, con un tacto muy deportivo con un volante achatado en la parte baja. La transmisión manual es increíblemente deportiva, no hay nada que se le parezca ni lo más mínimo.

Al ser nuestra variante la Rally Edition, el alerón trasero ofrece un extra de carga aerodinámica en el tren posterior, lo que garantiza un paso de curva a mayor velocidad y con mayor confianza. Lo más destacable es el casi nulo balance de carrocería cuando atacas una curva con un ritmo “ligero”. Un subviraje casi inapreciable parece sorprendente antes de que los sistemas de tracción- junto con el diferencial central- entren en acción; notas una sensación de velocidad y parece que el límite lo pones tú, y no el propio coche.

El motor bóxer de 300 CV empuja muy bien a altas vueltas que logra estirar hasta las 8.000 antes de llegar a la línea roja. En curvas reviradas logra meter el morro con una agilidad prodigiosa, es algo más subvirador que sobrevirador pero en aspectos generales el coche tiende a realizar una trazada “en raíles”. Durante nuestro test nos desplazamos a las carreteras de Navacerrada donde la nieve nos tenía preparado un escenario un tanto idílico para un deportivo de la talla del WRX STi 2018. Las pérdidas de tracción eran compensadas con una gran celeridad por el diferencial central, sintiendo en todo momento como trabaja para gestionar la potencia en cada rueda de ambos, siempre y cuando mantengas el diferencial en automático. Los frenos Brembo son más que suficientes para la cuadra que brota del bloque motor bóxer, con una capacidad de resistencia a la fatiga- así como a los cambios de temperatura- bastante buena.

Se podría decir que ha sido un sueño cumplido el poder trazar con uno de los deportivos japoneses que despertó en mí esta enfermiza pasión por los coches. Un Impreza que ha ido evolucionando y adaptándose a los tiempos que corren, con una estética más moderna y sofisticada que se aleja un poco de la exclusividad que ofrecía el modelo de antaño. Si es verdad que echo de menos un sonido de escape más ronco y agresivo, quizá el único defecto que pueda sacarle. Por lo demás, me parece un juguete para niños grandes; sonrisas/km aseguradas a golpe de gas y una conducción en peligro de extinción; dura, agresiva, deportiva y, en un trayecto del día a día, un poco molesta. ¿Tendría un Subaru WRX STi 2018 en el garaje de mis sueños? Posiblemente sí, porque las sensaciones que te provoca este modelo japonés distan mucho de lo que te muestran los vehículos de altas prestaciones de hoy en día.

Fotos por: Sergio Márquez García

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