Un país para forajidos, en busca de los Porsche 356 by Emory

Un país para forajidos, en busca de los Porsche 356 by Emory

Los restauradores más exigentes llaman “outlaws” (forajidos) a las evoluciones que Rod Emory hace de los Porsche 356, porque mejoran el original en vez de recrearlo. Ahora todo el mundo quiere uno. En Los Ángeles descubrimos por qué.

Cuando el austriaco Felix Baumgartner salió de su cápsula a 42 kilómetros sobre la Tierra para ser la primera persona en romper la barrera del sonido sin ayuda de un vehículo, batió un récord que había permanecido tanto tiempo, que Porsche seguía vendiendo el 356 cuando se logró. Tampoco se dieron cuenta los que vieron a Baumgartner de que el equipo y la tecnología detrás del salto también están detrás de algunos Porsche 356 muy especiales y rápidos.

Hemos dedicado muchas páginas a los 911, pero al Porsche que impulsó el fenómeno de los coches deportivos solo le hemos hecho una mención de pasada. Tal vez son un poco viejos y lentos para acelerarte el pulso, los primeros tenían 40 CV y muy pocos más de 90 CV. Si esto te toca la moral, te garantizamos que una visita a Emory Motorsport en Lancaster, al norte de Los Ángeles, te hará cambiar de idea. Estos coches pueden parecer adorables insectos, pero tienen un aguijón de 200 CV en la cola.

Los 356 de Rod Emory se conocen como outlaw (forajidos), un nombre surgido en los años ochenta cuando Rod y su padre empezaron a ignorar la mera restauración de viejos Porsche para crear coches que funcionasen mejor. Irónicamente, el movimiento forajido se hizo tan popular que ahora es una categoría en los concursos de Porsche. Al mismo tiempo que el mundo Porsche le otorgaba esta categoría a los coches de Emory, Rod comenzaba a ganar carreras en un 356 creado por sí mismo, y no pasó mucho tiempo para que los adinerados a los que había ganado comenzasen a pedirle coches preparados para ellos.

Pero, ¿qué es un 356 forajido? “Quiero pensar que son unos 356 modificados como lo haría el departamento de competición de Porsche”, nos dice Rod. “Nosotros los hacemos más prácticos y divertidos para conducir que el estándar”. Sus llantas son más grandes y ligeras, la radio antigua ahora funciona con reproductor MP3 y las cubiertas del motor son exquisiteces dignas de una galería de arte parisina”.

Una vez se pone la placa de la “rebeldía”, la restauración del Porsche queda a la elección de los exigentes “forajidos”.

Y esto es solo lo que puedes ver. También incluye brazos de torsión del 911 estrechados en lugar de los ejes oscilantes originales, una caja de cambios que proviene de un 911 especialmente modificada y frenos de disco con cuatro pistones. Para el motor, podrías quedarte con el original del 356 o utilizar un motor VW Type 4 reconstruido y capaz de entregar 200 CV, pero que no revoluciona como un 911 con sus 6 cilindros bóxer.

No se ve una cubierta del motor de plástico, aunque hay espacio de sobra para una.

Este es demasiado grande y pesado para adaptarse bien. Sin embargo, parece que la única alternativa para garantizar buenas prestaciones es incorporar un motor original de un 356 Carrera de 4 cilindros, terriblemente caro. ¿Cuál fue la respuesta de Rod? Una transformación de un motor de un 911 por 22.000 euros: coger un seis cilindros, retirar los dos cilindros centrales y volver a acoplar los demás con un cigüeñal nuevo. Ingenioso.

Coges un motor 6 cilindros bóxer, quitas los dos cilindros del medio, los vuelves a juntar y… ¡bingo!

Neil Emory fue copropietario de Valley Customs y responsable de algunos coches increíbles en la década de los años cincuenta. A pesar del éxito de Valley, Neil aceptó una oferta para dirigir el taller Chick Iverson Porsche, en Newport Beach, comenzando así la conexión con los modelos de la firma de Stuttgart. Entonces, el hijo de Neil y padre de Rod, Gary, consiguió un trabajo en el departamento de repuestos, donde vio como las piezas antiguas se desechaban por falta de espacio, lo que le impulsó a crear su propia compañía, Porsche Parts Obsolete.

Rod Emory: “Me gusta pensar en ellos como 356 modificados como los haría el departamento de competición de Porsche”.

Pero Rod no solo heredó de su abuelo las habilidades técnicas de trabajo sobre la carrocería. Rod también tenía puesto el ojo en un diseño como los coches de Valley Customs, con aspecto de serie. Emory asegura no haberse sentido nunca culpable por modificar los coches. “Estoy cogiendo un coche que la mayoría de restauradores no habría estado interesado en usar y lo devuelvo a la carretera”.

Por si esto no fuera suficiente para apaciguar a los aficionados de los 911, tampoco se puede discutir la atención al detalle que pone Rod. La pintura, el salpicadero, la pulcritud de las instalaciones; y todo lo que la empresa construye lo hace con el mismo nivel de exigencia, tanto si se trata de una pieza para un avión Lockheed, los Mini promocionales con las latas gigantes de Red Bull montados en la parte posterior sí, estos chicos los construyen aquí o un magnífico 356 Speedster. Pero, ¿los Emory se conducen tan bien como se ven? Ponemos rumbo a las montañas al oeste de Lancaster. Los coches comienzan con esa constante agitación y zigzagueo de la parte trasera, y se detienen en un ralentí de sonido travieso.

El primero es de 1960, un Roadster plateado, un poco más civilizado que el Speedster original, con un motor 2.65 litros del 914 y un par de carburadores IDF de 48 milímetros. En el interior asientos azules Speedster de cuero, un paquete especial del 904 y un contador circular que combina la presión del aceite, la presión y la capacidad, mientras que el exterior cuenta con un estilo GT, con la boca de repostaje saliendo de un capó sujeto por correas de cuero. Luce como si lo hubieran modificado para las carreras en los años sesenta y gracias a sus 185 CV impulsa con alegría cerca de una tonelada.

El Roadster plateado de 1960 lidera al Cabriolet “gris pizarra” de 1964 en las carreteras sobre Lancaster, California (EE UU).

Un vistazo a sus entrañas revela una de las diferencias fundamentales: los 911 siempre han contado con una precisa dirección de piñón y cremallera, pero el 356 utiliza una de tornillo sin fin. La calidad de construcción de Emory significa que el coche se mantiene perfectamente recto. La experiencia de conducción es de los años cincuenta, pero en las primeras curvas sientes la misma confianza que en un coche nuevo. La anchura del chasis provocaría un balanceo de la carrocería, pero eso es domesticado gracias a barras estabilizadoras en ambos extremos y no tienes reparos en apretarle más.

La esencia de su atractivo está en los detalles clásicos perfectos hechos a mano y como nuevos. ¡Y asientos decentes!

El 356 Cabriolet de 1964, en comparación parece más estable. La ventana del cabrio es claramente más vertical, los asientos de cuero rojo son más planos, con menor apoyo, y el salpicadero horizontal carece de la disposición en forma de media luna del Roadster. Bajo su piel este también tiene la conversión 911 de suspensión. La diferencia clave es que también tiene el motor 911 de cuatro cilindros. Rod dice que produce 185 CV, como el motor del Roadster, pero parece tener menos par a bajo régimen. No obstante, es muy capaz de hacerte volar. Suena increíble, más rabioso y duro que cualquier motor reciente de un 911.

Estilo Karmann para el techo de la carrocería en el Cabriolet.

Lo que tendrás que pagar por uno de estos coches depende de lo quieras ponerle. Tener un cupé te costaría al menos 50.000 euros, que serían 110.000 en caso de querer un roadster. Si encuentras un Speedster prepara unos 150.000 euros. Y una vez comprado, los técnicos desmontarán tu coche por completo y empezarán a trabajar. Suena caro, pero es menos de un tercio de lo que Eagle le cobrará por una de sus fantásticas reconstrucciones del E-Type. Un PGO fabricado en Francia, inspirado en el 356 aunque bastante más feo y con motor Peugeot, se vende desde unos 50.000 euros. El precio del 356 “californiano” es casi lo que se pagaría por un 911 Turbo nuevo. El 911 es de sentido común, pero siempre habrá un puñado de gente viviendo más feliz al margen de la ley.

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