McLaren 650S LM – Dame otras 24 horas

McLaren 650S LM – Dame otras 24 horas

Estamos en el circuito de La Sarthe, donde una armada de McLaren formada por un par de P1, un P1 GTR, dos Mc Laren 650S LM Limited Edition y varios F1 de competición recorrerán los más de 13 kilómetros del circuito. Yannick Dalmas, uno de los componentes del equipo vencedor de 1995 junto a Masanori Sekiya y JJ Lehto, está sentado en el F1 GTR. Derek Bell pilota el precioso McLaren con los colores amarillo y verde de Harrods, y Chris Goodwin llevará el coche ganador de aquel año. La verdad es que el McLaren 650S LM es un buen coche para pilotar a fondo sin saber muy bien hacia dónde vas. La dirección es ligera y rápida, y el eje delantero tiene tan buena respuesta que, estés donde estés en la pista, te llevará hacia el vértice. A ello ayudan los frenos cerámicos, capaces de parar en un momento lo que parece una salida de pista segura. Salimos de la pista y me dispongo a irme rápidamente del circuito. McLaren producirá 50 unidades de esta versión limitada, con un precio de unos 320.000 euros. Salimos.

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Lo más importante son los asientos, que son perfectos por su fino tamaño, suave tapizado y perfecta forma y ubicación. El volante es uno de los más extraños que nunca he cogido, pero a los cinco minutos el aro inferior más grueso y las empuñaduras de las manos bien marcadas me hacen preguntarme si es el mejor del mundo. Los pedales son preciosos, y la perfecta reacción de los frenos o el acelerador a cada milímetro de su recorrido es alucinante. El chasis está en su posición intermedia, dejando el más duro para la pista. El motor apenas es un murmullo en séptima marcha, pero cada vez que adelantamos ruge como un campeón devorando hileras de coches.

Ahora me doy cuenta de lo que significa un coche pensado para competir y ganar, capaz de enfrentarse a horas y horas de conducción decidida, haciendo que su cuerpo aguante, que todas las piezas encajen, que funcione a la perfección y que dé lo máximo en cada curva. He mirado cientos de veces cómo, al frenar, el alerón trasero volvía a ponerse vertical para ayudar en las reducciones, he notado cómo se desgastaba cada micra de los discos de freno, he percibido cómo los P-Zero dejaban algunas de sus virutas en el asfalto, he pisado a fondo esperando un mínimo retraso hasta que el V8 empujaba a fondo, con todo, hacia la siguiente curva. Un destello me devuelve a la realidad.

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Llevo casi 24 horas y más de 1.600 kilómetros al volante, he dormido menos de lo que sería una buena siesta y estoy de nuevo en el circuito, mientras todo el mundo trata de salir. La pista ya está vacía y casi desolada después de todo lo vivido. En el camión de McLaren que cargará los coches de vuelta a casa aparco mi 650S y vuelvo a cruzarme con JJ Lehto. Se sorprende de que haya decidido perderme unas 24 horas francamente emocionantes, pero aún le sorprende más mi coche.

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