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Hyundai Ioniq híbrido: el cruce entre motor térmico y eléctrico engancha

Hyundai Ioniq híbrido: el cruce entre motor térmico y eléctrico engancha


Un tren que circula a una velocidad vertiginosa sin frenos, así es el mundo tecnológico en el que vivimos. Con el paso de los años, las tecnologías se han renovado y mejorado con mejores aplicaciones para nuestra vida diaria en todos los aspectos, incluido en el sector del automóvil. Defensores y detractores de la tecnología híbrida en el automóvil han aparecido desde su comienzo, la idea de coches insípidos y aburridos provoca pánico a unos y a otros alivio por mejorar la calidad del aire de nuestras ciudades. A pesar de que me apasionan los coches de altas prestaciones, es inevitable pensar en los efectos de la contaminación en las grandes ciudades. Por ello, hemos probado el nuevo Hyundai Ioniq híbrido, la nueva apuesta de la marca coreana por la movilidad del futuro.

Os tengo que ser sincero, en un primer lugar no me convencía los primeros modelos que salieron al mercado de estas motorizaciones. Con los años, han ido puliendo la tecnología híbrida (motor de combustión interna y motor eléctrico) y se ha posicionado como una alternativa realmente eficiente y que será el futuro del automóvil con toda certeza.

Nada más ver a la versión híbrida de Hyundai se puede apreciar un diseño que nos recuerda a su rival directo, el Toyota Prius. A pesar de ello,el Ioniq híbrido incorpora una transmisión automática de doble embrague de seis velocidades, alejándose de la dinámica que siguen los híbridos de montar una caja automática CVT(transmisión variable continua). Gracias a la caja de doble embrague, el coche adquiere unas prestaciones más dinámicas y se siente como un coche más cercano, ya que gana ese “feedback” con un volante mucho más “comunicativo”, dejando atrás esa sensación de “desconexión” que caracterizaba a los coches eléctrico o híbridos. 

Su apariencia no decepciona

A pesar de algunos detalles que nos extrañan un poco, como la pegatina del logo de la marca en la parte delantera, la estética general está bastante lograda en comparación con sus rivales, presentando un diseño bastante atractivo.

Las líneas trazadas en la carrocería tienen el objetivo de maximizar la eficiencia aerodinámica, obteniendo un coeficiente de penetración aerodinámica (Cx) de sólo 0,24, lo que se traduce en un menor consumo. 

Nos metemos dentro del híbrido coreano

Una vez dentro nos sorprende la atmósfera de la que disponemos una vez sentados. Aunque en el interior vemos materiales comunes, como el plástico duro y blanco, la configuración que ha adoptado el híbrido de Hyundai nos gusta. Un diseño simple pero moderno que da la sensación de frescura y amplitud (al menos en las plazas delanteras). 

La consola central está presidida por una pantalla TFT de 7 pulgadas que tiene una resolución de 1280×720 píxeles, la cual es táctil y ofrece numerosos elementos, ofreciendo la posibilidad de conectar tu smartphone a través de CarPlay de Apple y Android Auto de Google. Tengo que decir que la pantalla que incorpora funciona con una precisión sorprendente y con rapidez, algo que no me esperaba en el Ioniq.

La versión híbrida se distingue de las otras dos (PHEV Plug-in y 100% eléctrico) por el color de las molduras del salpicadero, que tienen un acabado en color azul. La visibilidad interior es bastante buena en general, excepto hacia atrás donde el diseño del portón trasero del Ioniq híbrido obstaculiza algo la visión por el retrovisor.

Sensaciones

Para mi hay dos grandes protagonistas en el Ioniq híbrido: la caja de cambios de doble embrague con seis velocidades y el diseño interior que, a pesar de presentar materiales que podemos encontrar en cualquier coche, esta diseñado al detalle para proporcionar una atmósfera más placentera. Aunque, en mi opinión, el causante de que pueda decantarme por el Ioniq antes que por otro híbrido sea por las sensaciones que me produce conducir un coche híbrido más “humano”. Y esto último no lo digo porque tenga más cuidado por el medio ambiente que sus competidores, sino que una de las cosas que no me llegaban a gustar de los híbridos o los coches eléctricos es esa extraña sensación de estar conduciendo con un volante que parece estar desconectado del tren delantero, ofreciéndote una sensación de inseguridad al no recibir ningún tipo de “feedback”.

Dado a esta caja automática, el Ioniq se comporta de una forma más familiar en comparación con los coches de combustión interna, con una conducción que no es muy diferente a lo que estamos acostumbrados. La dirección se comunica en todo momento contigo, haciéndote sentir que está conectado a la carretera, a pesar de tener una dirección un poco blanda para mi gusto; aunque, al fin y al cabo, no necesitas una dirección deportiva para un utilitario del día a día, por lo tanto se lo permito con gusto.

¿La respuesta del motor? Más que de sobra para el uso que vas a hacer de un híbrido. Con 141 CV entre el motor de gasolina y el eléctrico te van a dar de sobra para que puedas solventar tus trayectos del día a día sin problemas, incluso circular por carretera con una serenidad y tranquilidad inusitada. El motor empuja con la contundencia esperada, no es nada del otro mundo su 0-100 km/h en 10 segundos pero no nos esperábamos al Tesla Model S, por lo tanto este dato se queda meramente como algo informativo por si alguien te pregunta su aceleración (nunca se sabe). El consumo de esta variante se sitúa en los 3,4 l/100 km, similar al que presenta su rival directo, el Toyota Prius.

En definitiva, ¿merece la pena el Hyundai Ioniq híbrido? Claramente sí. Por un precio bastante competitivo de 22.100 € tienes un nuevo competidor en la “arena” de los coches con motores híbridos o eléctricos que a más de uno pone contra las cuerdas. Un diseño exterior bastante elegante y moderno, con un interior simple pero que tiene ese “algo” que te hace pensar que no hace falta materiales exóticos para mantener una gran armonía, junto con una caja de cambios automática de doble embrague que le sienta para anillo al dedo hacen de este sedán ecológico un gran coche para ejercer el fin para el que ha sido fabricado.


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