Escapada a Francia parte 2: la historia de Peugeot a través de sus modelos más emblemáticos

Escapada a Francia parte 2: la historia de Peugeot a través de sus modelos más emblemáticos

En 1970, el Peugeot 304 Cabriolet y el coupé reemplazaron a sus contraparte dentro de la gama 204. Ambos evolucionaron al 304 S en 1972 con un motor potenciado hasta los 75 CV junto con una velocidad máxima de 160 km/h. Un total de 1.178.425 modelos del 304 fueron fabricados, incluyendo 18.647 convertibles, que fueron producidos entre 1969 y 1979. Este juguetón descapotable era tracción delantera, con un motor de 1.288 cc de cuatro cilindros y una potencia de 75 CV, los cuales se transmitían al tren delantero a través de la caja manual de cuatro velocidades.

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Este modelo es el que más me gustó con diferencia, no solo por su personalidad única de descapotable, sino porque era tremendamente ágil en curvas gracias a unas dimensiones muy reducidas. El motor empujaba con rabia y estiraba muy bien hasta las 4.500 vueltas; a pesar de que la línea roja se marcaba por encima de las 8.000, no llegabas a esa frontera ni cuesta abajo con el pie a tabla. La dirección era muy directa, a la vez que dura; costaba acostumbrarse a altas velocidades . La suspensión, correcta; ni muy dura ni muy blanda. Lo que más me gustó del Peugeot 304 S Cabriolet fue la transmisión, una palanca en un sitio privilegiado con un recorrido marcado y fácil de ejecutar; los cambios eran fluidos y con una soltura notable en conducción dinámica.

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Todo ello con el sol en la cara y el aire bamboleando cada capilar a una velocidad de más de 100 km/h- la cual parecía 250 km/h en un coche moderno-. Un coche producto de los años 70 que ha logrado conquistarme con una atmósfera modesta y simple. A veces, son las pequeñas cosas las que marcan la diferencia. Una parada para tomar un café y reponer fuerzas antes de poner rumbo a nuestro destino en el cual almorzaríamos; me preguntan: “¿qué tal te ha parecido el Cabriolet?” Mi respuesta: “¿a cuanto puedo encontrarlo en segunda mano?”. Pocas palabras eran necesarias en ese momento, me entendió al instante.

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Echo un ojo a la lista de vehículos y veo que el 404 es el siguiente; lo miro con escepticismo. Hablamos de un modelo de los años 60- más concretamente fue lanzado al mercado en mayo de 1960- con una banda de rodadura de los neumáticos que no me inspiraba mucha confianza para serte sincero, ya que comenzaban a caer las primeras gotas. El 404 también fue carrozado por Pininfarina, lo que le proporcionó ese estilo italiano del que goza. Fue fabricado en Sochaux, pero también en África (Nigeria, Tunisia y en el sur de África) y en Sur de América (Argentina y Chili); una carrera interesante a lo largo de diferentes países.

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También fue el primer coche en incorporar el carburador de gasolina y motores de inyección directa que partían de los 68 a los 96 CV de potencia, junto con motorizaciones diésel con una potencia entre 55 y 68 CV, junto con una caja automática de tres velocidades y unos frenos de disco en la parte delantera (desde 1969). Se hicieron 2.885.374 unidades del 404, incluyendo 1.672.395 en versión sedán, los cuales fueron producidos entre 1960 y 1988. Su naturaleza era de tracción trasera, con un motor de 1.6 litros de cuatro cilindros y 68 CV, junto con una caja manual en el volante de 4 velocidades. Su velocidad punta era de 150 km/h.

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Este era un ejemplar interesante, no solo porque estaba en perfecto estado, sino que el interior es algo espectacular, increíblemente cómodo (pensé que estaba en el sofá de mi casa). Las curvas no eran lo suyo, existía mucho balance de carrocería que se unía a unos neumáticos muy estrechos que no le proporcionaban la seguridad que podrías esperar; aunque bueno, es la época que era y estos eran los modelos que existían.

Eso sí, en el apartado estético es una obra de arte; sus líneas redondeadas se encontraban con ángulos rectos que conviven en perfecta armonía, dotándolo de unas curvas de escándalo. Pero lo mejor era subirse detrás del volante y ver cómo era una transmisión de aquella época, el tacto, la robustez del embrague, la dirección muy dura, los asientos, el freno de mano en forma  de “paraguas”… en fin, detalles que quedarán en nuestros corazones pero no en la memoria.

Nos quedan unos 100 kilómetros para llegar al final del recorrido, cambiamos de nuevo de coches. No salimos de la temática de coches clásicos, bueno este no lo considero un clásico como los que acababa de conducir, ya que era un coche familiar para mí ya que mi prima tenía uno, nunca lo conduje, hasta hoy. Sin más dilación contemple al Peugeot 205 GTi como un padre contempla las primeras palabras de su hijo; mi cara debía haber sido un poema, porque estuve cerca de cinco minutos sin parar de mirarlo en completo silencio. Me había hablado tan bien de él que mis expectativas estaban por las nubes (algo que no me gusta nunca sentir).

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Aunque parezca sorprendente, en lo primero que mi mirada posa su atención es en la enorme visibilidad que se tiene dentro del 205 GTI; he conducido coches pequeños y urbanos, pero ninguno había ofrecido un campo tan amplio de visión frontal, un punto a favor del 205. Otra cosa que me llamo la atención, su motor; esta era la variante de 1.9 litros de 130 CV dirigidos al tren delantera a través de la caja manual de cinco velocidades.

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Un año después del lanzamiento de siete versiones de gasolina del Peugeot 205 y seis meses después tres más de diésel, el 1 de marzo de 1984 el GTI llegó al mercado. Su personalidad deportiva hechizada a todo el mundo, sobre todo por su estética exterior: splitter delantero y spoiler trasero deportivo junto con unas llantas de 14 pulgadas al estilo 205 Turbo 16. En diciembre de 1986, su corazón creció hasta los 1.9 litros, una versión de 130 CV que se convirtió en el coche más mítico de una generación entera de fans de Peugeot. Más de 5,2 millones de unidades se fabricaron, incluyendo casi 300.000 de la variante GTI, las cuales se produjeron entre 1983 y 1999.

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Su dinamismo te deja sin aliento, ¿cómo es posible que un coche tan pequeño pueda pegarse tanto a la carretera? La dirección es increíblemente precisa, más de lo que me esperaba; un motor muy reactivo junto con uno de los aceleradores más sensibles que he tenido el gusto de probar. Una aceleración muy contundente con una banda sonora de fondo notable. Este era el único clásico miembro de nuestra ruta que equipaba un sistema de ayuda, en este caso era el ABS para evitar el bloqueo de frenos (lo cual agradecí enormemente tras el chaparrón que nos calló en los últimos minutos de luz del día.

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Nueva parada para repostar alguno de los coches del evento- el  Peugeot 404, 304 S Cabriolet era de los más “tragones” del evento-, solo nos faltaban unos 60 kilómetros para llegar a nuestro destino a lomos de dos 308, el primero con acabado GT Line y con el motor 1.6 diésel de 130 CV y la variante SW de 180 CV. Lo que más puedo destacar del Peugeot 308 en todas sus variantes es el equilibrio del que goza, un chasis sensacional y uno de los asientos más cómodos del mercado; los motores HDi son uno de los más eficientes del mercado, con una respuesta increíble unido a un cambio automático EAT de 6 velocidades.

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Tras recorrer más de 200 kilómetros con varios de los coches clásicos más representativos de la marca no pude evitar en sentir una cierta añoranza por los coches de antes; sí, ahora los coches son más seguros gracias al avance de la tecnología- sobre todo por los  sistemas de ayuda en la conducción- pero son mundos tan dispares y alejados (coches moderno y clásicos) que me hace reflexionar si no se ha perdido un poco el placer por la conducción pura. En aquella época te encontrabas tú y la carretera, sin nada más; el feedback de los coches clásicos era distinto, sentí una sensación parecida al ir a 120 km/h montado en el 304 Cabriolet que a 270 km/h sobre el Honda Civic Type R en la Autobahn de Alemania.

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¿Qué época es mejor? Comparar dos momentos de la historia tan diferentes que no tiene demasiado sentido; un coche clásico nacía con la tecnología que había, eran punteros en su época y presentaban un diseño muy distinto antes de que las leyes aerodinámicas hicieran cambiar de forma de pensar a los ingenieros. Los coches clásicos proporcionan sensaciones que ningún vehículo moderno puede darte, esa sensación de llevar más cuidado con el freno ante la inexistente presencia el ABS, trazar las curvas de una manera más comedida ante la escasa banda de rodadura de los neumáticos, asientos con poco o nulo apoyo lateral para sustentarte en curva… tienen ese “algo” que siempre enamorará a todo aficionado por los coches.

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Sin embargo, la seguridad que sientes dentro de un coche moderno es infinitamente mayor, atacar las curvas con más confianza y gozas de las tecnologías que gozamos hoy en día- inexistentes por aquel entonces-. Todo buen aficionado debería tener un coche clásico en su garaje, simplemente por recordarte las raíces y el comportamiento de los mismos, y ver cómo hemos cambiado. Yo, ya sé que pedir estas navidades para mi garaje, un Peugeot 304 S Cabriolet.

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