David Coulthard, descanso merecido

David Coulthard, descanso merecido

La última hazaña de David Coulthard ha sido aterrorizar a unos inocentes pasajeros. La compañía de seguros Aviva ideó un anuncio en el que Coulthard, disfrazado con barba y una gorra, se hace pasar por taxista y conduce como un loco. Derrapadas, maniobras evasivas marcha atrás y hasta un salto por encima de una rotonda. Las caras y las reacciones de los pasajeros se grabaron con una cámara oculta y, como se pueden imaginar, son lo mejor del anuncio.

Nuestro protagonista dejó de competir al máximo nivel en 2010, cuando participó en el campeonato DTM, pero sigue muy ocupado. Es un gran relaciones públicas que presta su imagen a marcas como la firma relojera IWC, y además es comentarista de televisión. Solo esto último ya implica pasar muchos fines de semana al año fuera de casa.

Su padre tenía un negocio de transporte y era muy aficionado al karting, especialidad donde David comenzó a los 11 años. Su autobiografía está dedicada a sus progenitores: “no tengo ninguna duda de que mi amor por la competición creció gracias a experimentar el karting de niño. El recorrido a través de varias categorías fue dirigido por la pasión y la visión de mi padre, ayudado siempre por su esposa, mi nerviosa madre”. El piloto nació en un pequeño pueblo del suroeste de Escocia llamado Twynholm, donde viven apenas 750 habitantes. Iba a clase con solo siete chavales, y uno de ellos sigue siendo su mejor amigo. Allí fue donde su abuelo, que era muy aficionado a las carreras, fundó su empresa de transportes, Hayton Coulthard. Su padre también era un apasionado de la conducción y llegó a ser campeón de Escocia de karting. Incluso iba a probar con Lotus, pero el abuelo de David murió a los 44 años y su padre tuvo que ponerse las pilas con el negocio familiar.

David Coulthard reconoce que las carreras no le interesaron demasiado hasta que empezó a correr. Lo que le gusta es pilotar y competir, no está muy interesado en la historia de la F1 o en las estadísticas. “Cuando era un chaval tenía en mi cuarto un póster de Samantha Fox, no de Ayrton Senna”. Pero a los 11 años su padre le compró un kart de 100 cc y todo cambió. Tras varios años de karting nuestro protagonista destacó sobre el resto. Dominó la Fórmula Ford británica en 1989 y fue el primer piloto que recibió el premio McLaren Autosport BRDC para jóvenes pilotos. En 1991 luchó duramente por el título en la F3 británica con su futuro rival en la F1, Rubens Barrichello, quien finalmente ganó, aunque David venció en el GP de Macao.

Llegó a la F1 como piloto probador de Williams en 1993 y recuerda la primera vez que coincidió en un box con Senna. Discretamente, el brasileño ponía el oído para escuchar lo que él decía sobre el coche a los ingenieros, para comprobar si era un buen probador… Cualquiera que conozca un poco el automovilismo por dentro, sabe que hay muchísimos pilotos rebosantes de talento que no pudieron llegar a la F1. Coulthard, siempre agradecido, cree que se pudo subir en el Williams gracias a que su amigo Iain Cunningham era amigo de Frank Williams. A veces, un pequeño detalle o un golpe de suerte hace que tu vida tome un nuevo camino. Como él bien sabe, “en motorsport todo es una cuestión de momentos, y los nombres van y vienen tan rápido como los coches”. Comenzó la temporada ‘94 corriendo en F3000 a duras penas, buscando dinero aquí y allá.

El piloto británico cuando era imágen promocional de su época de piloto Red Bull.

Terminó segundo en Silverstone, pero no hubo festejos. Y es que aquel día se celebró el Gran Premio de F1 de San Marino en Imola, la carrera en la que murió Senna. “recuerdo exactamente donde estaba cuando escuché que Senna se había matado. Estaba andando por el paddock hacia el motorhome y me paré en el camión de Avon, donde tenían una pantalla gigante. Recuerdo que pensé: ‘mierda, no tiene buena pinta’. Recuerdo que poco después vino un tipo del diario The Scotsman y me dijo: ¿crees que es tu oportunidad… bla bla bla? Su trabajo es hacer preguntas, pero puedo decir honestamente que eso no se me pasó por la mente. Hay que ser un bastardo sin corazón para oír que tu compañero se ha matado y pensar: ‘Sí, es mi oportunidad, puede ser bueno para mi’. Simplemente era algo muy triste”.

Sebastien Loeb, Carlos Sainz Sen., Raimund Baumschlager, Mark Webber, Heinz Kinigadner y David Coulthard

En Mónaco solo compitió el Wiliams de Hill, pero para la siguiente carrera Frank Williams le dijo a David: “a pesar de lo que acabas de hacer a mi coche –se había estrellado en unas pruebas en Jerez– estoy aquí para decirte que correrás en España la próxima semana. Esa es nuestra decisión”. Y David simplemente respondió: “Oh, okay Frank, thank you”.

Debutó en Barcelona y finalmente corrió ocho carreras con Williams en 1994, él y Mansell se alternaron en el pilotaje del segundo Williams. A final de temporada anunció que se iba a McLaren, donde le ofrecían tres años y mucho dinero, pero le quedaba un año de contrato con Williams que tuvo que cumplir. Esto lógicamente provocó que la relación del piloto escocés con el equipo durante 1995 no fuera todo lo buena que cabía esperar. Aún así consiguió ganar su primer GP, en Portugal y acabó tercero en el campeonato por detrás de Schumacher y su compañero Hill. No estuvo nada mal para un novato. En 1996 el Williams fue el mejor coche y Hill se llevó el título mundial, con su nuevo compañero Villeneuve en segundo lugar. En cambio el McLaren de Coulthard y Hakkinen no brilló y no pudieron ganar ninguna carrera.

David Coulthard no suele pasar más de diez días seguidos en su residencia de Mónaco. Meticuloso y perfeccionista, valora la mecánica de calidad, caraterística de todos los relojes IWC, David Coulthard junto a Christoph Grainger-Herr, CEO de la firma relojera IWC, en el reciente 75th Goodwood Members’Meeting celebrado en Inglaterra. Donde Nick Mason (Pink Floyd) el domingo estrelló su McLaren F1 ,

McLaren fue su casa durante la mayor parte de su carrera, de 1996 a 2004. En palabras de Ron Dennis, su jefe durante ese periodo, “muy pocas veces he tenido el placer de trabajar con un piloto tan profesional, educado, positivo y presto a colaborar como David”. Dennis también considera que, “a pesar de su combativo estilo de conducción y su permanente disposición para ganar, a veces puede ser demasiado sensible. No le critico por eso, y no es el único entre los grandes pilotos que es así. Está en la naturaleza de su profesión, siempre ansiosos por cualquier ventaja que pudiera aumentar sus posibilidades de ganar. Así es como debe ser, pero a veces no es fácil de gestionar”. Todo esto se debe a que Coulthard siempre sintió que en el equipo trataban mejor a Hakkinen –campeón en 1998 y 1999– que a él. Con McLaren logró doce de sus trece victorias y 51 de sus 62 podios. Desde 1995, cuando empezó en la F1, reside en Mónaco, un lugar que le encanta. En cuanto tuvo dinero en abundancia se compró también un yate de 25 metros, el Highlander.

Nuestro subdirector con David Coulthard en los boxes de Goodwood.

Ganó el GP de Mónaco en 2000 y 2002, y allí posee un hotel junto a un socio, el Columbus. Ese modo de vida opulento y su éxito entre las mujeres pronto le dieron un aura del playboy, potenciado por la atención que le prestaban a sus conquistas los periódicos sensacionalistas británicos. Pero él no lo ve así: “no soy un mujeriego ni cumplo con el estereotipo de playboy. Lo es Eddie Irvine, a él le funciona, pero eso no es para mi”, decía en 2007. Reconoce que en ocasiones llamaron a la puerta de su hotel bellas mujeres desconocidas, o que tuvo muchas historias fugaces. También reconoce que jamás durante el fin de semana de Gran Premio, porque siempre quería estar enfocado al máximo en su misión. Para quitarse ese sambenito de mujeriego incluso evitaba fotografiarse demasiado cerca de las explosivas azafatas que decoran el paddock.

David Coulthard en el podio de Mónaco en 2006, vestido con la capa de Superman, cuando acabó tercero al volante de su Red Bull. Antes había logrado la victoria en el Principado en 2000 y 2002 con McLaren. Mathias Kniepeiss

Hasta que conoció a Karen Minier, una presentadora de televisión belga que es su esposa desde 2013, solo tuvo tres relaciones largas. Otro rumor que cuajó en su momento y que él desmiente es que dejó a una de sus novias, Heidi Wichlinski, porque “le daba mala suerte”. En mayo de 2000 quería viajar del Reino Unido a Niza y, como otras muchas veces, contrató un avión privado, un Learjet 45. Viajaba junto a Heidi y su entrenador personal. Pero pronto notó que algo iba mal, y es que un motor había fallado. Un jet de este tipo puede volar con un solo motor, por lo cual la situación no era desesperada. Realizaron un aterrizaje de emergencia en Lyon, pero el piloto tomó tierra demasiado bajo y demasiado despacio, de modo que se estrellaron en la pista. El morro quedó destrozado y tanto el piloto como el copiloto murieron, pero los pasajeros apenas se fracturaron unas costillas. Pocos días después quedó segundo en el GP de España en Montmeló, detrás de Hakkinen y por delante de Schumacher.

David junto a su esposa Karen, periodista y presentadora de televisión belga.

Tras un par de años como escudero de Mika Hakkinen, en 2001 Coulthard terminó segundo en el mundial detrás de Schumacher. Ese fue el mejor resultado de su carrera. Quizá le ocurrió como a otro gran piloto británico, Sir Stirling Moss, que no pudo ganar el mundial porque siempre tuvo por encima la sombra de Fangio. Coulthard vivió los mejores años de Schumacher. Pasó nueve años en McLaren y en 2005 se pasó a Red Bull, un nuevo equipo entonces, y se retiró de la categoría reina en 2008.

David Coulthard lleva en su McLaren a Mika Hakkinen, tras el GP de España de 2001. Aquel año el escocés terminó segundo en el Mundial, detrás de Michael Schumacher.

Actualmente junto a Karen se muestra encantado de su vida familiar, y esta loco por pasar el mayor tiempo posible con su hijo Dayton, de nueve años. “No importa en que lugar del mundo esté, lo primero es estar en casa para poder llevarle al colegio. Puedo volar desde Australia para llevarle dos mañanas, y luego volver a Malasia”. Suele conducir modelos cedidos por Mercedes-Benz, pero lo que más nos ha sorprendido es que no le gusta conducir… en carretera. “No me excita, no capta mi atención. Puedo hacer los veintidós kilómetros desde mi casa en Mónaco al aeropuerto de Niza, pero el camino hasta mi chalet en Suiza, uff, es una faena”.

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