BMW i8 y Lamborghini Huracán contra SRT Hellcat y Mustang GT, etapa 2, de Barston a Las Vegas

BMW i8 y Lamborghini Huracán contra SRT Hellcat y Mustang GT, etapa 2, de Barston a Las Vegas

Si no has visto la parte 1, te dejo aquí el link.

¿No es maravillosa la tecnología? Puede hacer que un enorme coche de 717 CV sea manejable en ciudad, o que un 1.5 de tres cilindros compita con un 5.0 V8. Es la magia de la fibra de carbono, de la turboalimentación y de la impulsión eléctrica. El problema es que luego unos cacharros tan simples como los walkies talkies pueden fallar y provocar un buen lío. Cinco minutos después de salir del hotel de Barstow– donde se grabó parte de la peli Abierto hasta el amanecer– perdemos el contacto con el Huracán. No creemos que nuestro amigo se haya dormido, ya que lleva el coche con el habitáculo más ruidoso y con los asientos más incómodos. Paramos para reagruparnos y perdemos también al i8, que toma la salida equivocada y se dirige a Nuevo México. Quedamos dos V8 americanos camino a Las Vegas, lo cual tampoco está mal.

El Hellcat verde ahora sí que está en su ambiente, rodando poderoso hacia la ciudad del pecado. Lleva en el maletero el equipaje de casi todos, pero aún así mi Mustang no puede hacer nada frente a él. Si llevara el nuevo Mustang 350 GT quizá podría acercarme un poco más, pero lo dudo. Parece mentira, y es que mis 435 CV son poca cosa frente a los 717 del Challenger. Pero de vez en cuando mi colega se relaja y me deja adelantarle… para luego pasarme casi por encima, rugiendo como un oso Grizzly cabreado. Así que le supero otra vez, y otra más, por el simple y vibrante placer de acelerar escuchando un motorazo. Mi chica diría que es un comportamiento infantil o algo peor. Así que ya saben, amigos, no prueben a hacer esto en casa. Lo bueno es que el sonido de nuestros coches aquí es común y no llama mucho atención, puede ser de un deportivo o de una pick up. En EE UU los automóviles son parte de la cultura, y muchas veces la única opción para ir de un sitio a otro. De Barstow a las Vegas hay unos 250 km y tardaremos unas 2 horas. Si quieres ir en tren, puede llevarte un día entero, parando en mil sitios. Y la gente aprecia los buenos coches. Durante todo el viaje hemos visto sonrisas allí por donde pasáramos, nunca una expresión de rechazo o envidia. Será porque el automóvil está en el centro del sueño americano, o simplemente porque aquí la gente es más curiosa y menos reservada.

Antes de llegar a Las Vegas tenemos previstas dos paradas. La primera es la sede de Shelby American, parte imperio del merchandising, parte culto a la personalidad de Carrol Shelby, y parte templo de la potencia. Compramos unos calcetines con cobras, dimos una vuelta por allí y nos fuimos a nuestro siguiente destino, el Motor Speedway. Es sábado, y hoy se celebran pruebas de aceleración del Street Car Super Nationals. ¿Street cars (coches de calle)? Igual podemos competir… Hay una categoría reservada para los street muscle, así que preguntamos y, en lugar de reírse en nuestra cara, una chica muy simpática nos indica donde está la oficina. Solo hace falta pagar, un casco y poner unas pegatinas al coche. Antes de dar el paso damos un paseo por el paddock, y nos queda claro que lo de street cars es bastante relativo. Hay varias categorías, y los más cañoneros son los Outlaw Pro Mod.

Su carrocería recuerda vagamente a modelos de serie, pero cualquier otro parecido con la realidad es casual. Llevan ruedas traseras gigantes, motores especiales V8 de unos 8 litros –hay sí hay limitación– y las reglas son bastante sencillas: “gasoline & alcohol only (no nitro-methane), nitrous oxide: no restrictions. Supercharger: no restrictions. Turbocharger: no restrictions”… Por eso no debe extrañarnos que rindan más de 4.000 CV… Estos tíos están locos de verdad. ¿Qué tiempo dijo la chica que hacen los street cars? Menos de 10 segundos. Con buenos neumáticos el Hellcat podría hacerlo… ¿Nuestro seguro cubrirá esto?

En general por televisión todos los deportes pierden gracia, pero este especialmente. Hay que estar allí para empaparse del olor a hidrocarburo y a goma, con un ruido tan ensordecedor que te paraliza. Los más potentes hacen el cuarto de milla en unos 5 segundos y llegan a la meta a unos 400 km/h. Después de ver esto nos fuimos del circuito con el rabo entre las piernas: “Quizá la próxima vez…”. Pero no hay tiempo para lamentaciones, porque Las Vegas Boulevard un sábado por la noche es más excitante de lo que te puedas imaginar.

Cuando llegamos todavía es pronto, la gente que anda por la calle está feliz y aún no se ha fundido en el casino los ahorros de toda su vida. Al volante del Mustang soy invisible, demasiado discreto para esta ciudad siempre ávida de neón y emociones fuertes. El Challenger encaja mucho mejor, y el i8 también hace girar muchas cabezas, aunque bastantes tienen que mirar el logo para reconocer la marca. Aquí el rey es el Lamborghini, y el colega que lo lleva se siente una estrella del rock. Las chicas le saludan en los semáforos, incluso cuando van del brazo de su novio. Mientras, todos le tomamos el pelo por el walkie: “¡Arráncate fiera, esta es tu noche!”.

Si quieres seguir leyendo esta aventura, aquí te dejo la etapa 3 en este link.

 

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